Las elecciones que convirtieron a Néstor en Presidente de la Nación

En absoluta minoría, Néstor pidió la palabra en el Congreso justicialista de 1996 en Parque Norte y avanzó contra el modelo neoliberal, encendiendo a gran parte de los presentes. De pronto, ingresó Menem. Cuando Lorenzo Pepe, en su rol de secretario general del encuentro, le dio la palabra para que cierre el acto, el santacruceño volvió a pedir que lo escuchen: “Señor Presidente, como no soy hipócrita, quiero reiterar lo que dije hace diez minutos” y repitió cada concepto.
Menem terminó su discurso y luego el cuerpo votó la convocatoria a internas que pretendía el Presidente, sabiendo que esa elección volvería a armar una comparsa para acompañar incondicionalmente su gestión nacional. Néstor había pedido, sabiendo que el reclamo solo sería testimonial, la formación de una conducción interina con representación de las minorías. La mesa dijo que la posición del riojano se había impuesto “por unanimidad”. Entonces Kirchner levantó la mano y aclaró: “Por unanimidad no, yo no voté”.


El 27 de abril de 2003, Carlos Menem se impuso con el 24,35% de los votos. Detrás Néstor Kirchner 22%, Ricardo López Murphy 16,34%, Elisa Carrió 14,14%, Adolfo Rodríguez Saá 14,12% y Leopoldo Moreau 2,34%.
El Flaco convirtió la frialdad de un porcentaje, en un fuego que arrasó con todos los pronósticos que esa misma cifra proyectó.
Cinco candidatos concentraron casi el 90% de los votos, con una diferencia entre el primero y el quinto de apenas el 10%. Ninguno participó representando a los partidos tradicionales, pero habían sido construidos por esas matrices ideológicas: Frente por la Lealtad (Menem)
Frente para la Victoria (Kirchner), Recrear para el Crecimiento (López Murphy), Frente Movimiento Popular (Adolfo Rodríguez Saá) y Argentina por una República de Iguales (Carrió).
Néstor asumió sin respaldo partidario institucional, pero empezaba a ser bancado por una mixtura donde anidaban la dosis justa de peronismo, sectores de la izquierda nacional, progresistas, piqueteros y residual de asambleas 2001.

Los tres candidatos con certificado de nacimiento en el peronismo, concentraron cerca de 12 millones de votos y se impusieron en 23 provincias (Menem 12, Kirchner 8 y Rodríguez Saá 3). Los tres que provenían del radicalismo, 6 millones y medio (Los 500 mil votos que siguieron a López Murphy, mostraron que la Capital no estaba dispuesta a cambiar, pese al sufrimiento de la clase media con el gobierno en el que su nuevo candidato ocupó dos ministerios. Un año y medio después de la confiscación de sus ahorros, su empobrecimiento y la falta de trabajo, regresaban a casa).

«La existencia de una campaña sistemática de difamación y calumnias contra mi persona orquestadas desde el comienzo del gobierno de la alianza y continuada durante el actual gobierno de transición ha generado las condiciones para que una importante franja de la opinión pública se pueda ver virtualmente sometida esta vez al acto de  violencia moral de tener que escoger un candidato presidencial al que apenas conocen y en el que no confían»,
dijo el ex presidente cuando tiró la toalla.

Restaban pocos días para el cierre de campaña 2003. Los hombres de Kirchner sabía que la pelea era voto a voto y que más de una encuesta entregaba una ventaja mínima para Carlos Menem. Caminata por Lanús del futuro ministro de Defensa, José Pampuro, distrito del que fue secretario de Salud entre 1983 y 1987. Una vecina lo tranquilizó, ella apoyaba al desconocido, solo porque él se lo había pedido: “Pepe, te lo voto al tuyo, te lo voto a Kissinger”.
Móvil de CQC, en la puerta de la cancha de River. Acto del  2 de abril de 2003. El periodista interroga a los futuros votantes de Kichner, con una pizarra y un marcador en la mano. Les pide que escriban el nombre del candidato a presidente que van a votar. Tiran “Kirkner, Kisner…” y todas las variantes posibles, jugando con casi todas las consonantes del abecedario.
La televisión venía de una década de banalidades. Un notero enfrente de Néstor, solo preparaba una tipo de pregunta, que siempre dibujaba el contorno de su nariz exageradamente aguileña: “¿Cómo alguien tan fulero se levantó a Cristina?”. Y por supuesto, cuando quedaban a solas con ella, era la misma pregunta cambiando el orden de los factores. El remate casi siempre pasaba por ojo estrábico: “¿Usted que tiene un ojo bárbaro para esto, como la ve?”.
El mismo cronista que estaba en entrada de Udaondo del Monumental, después encontró a los integrantes de la fórmula presidencial, a punto de entrar al campo de juego y dirigiéndose al Flaco, no guardó ironía: “La gente no conoce mucho la propuesta y tampoco su nombre. Me queda una duda, ¿se escribe con H de Duhalde?”. Remata con, “Scioli vendía electrodomésticos, ¿ahora no nos estará vendiendo otro aparato?”.
Ese día ante 45 mil personas, Kirchner dijo: “Nunca más vamos a cambiar a Evita por María Julia” y “Conmigo no se van a encontrar con un presidente, que cuando su pueblo reclama en Plaza de Mayo, como fue el 20 de diciembre, justicia y comprensión, lo mandan a reprimir y se escapan en un helicóptero”.
El contraste entre los juegos sobre Néstor y lo que dijo el candidato en el acto, era el abismo que separaba a los grandes medios de la política. Los que fueron comparsa del menemismo, ahora te mostraban que nadie era más importante que sus jodas televisivas.

La respuesta del santacruceño, fue su primera palabra en calidad de presidente de la Nación, once días antes de jurar en el Congreso: «Las encuestas que unánimemente le auguran una derrota sin precedentes en la historia electoral de la República permitirán que los argentinos conozcan su último rostro: el de la cobardía. Y sufran su último gesto: el de la huida. El retiro de la fórmula es funcional a los intereses de sectores económicos que se beneficiaron con privilegios inadmisibles en la década pasada, al amparo de un modelo de especulación financiera y subordinación política, a esos mismos intereses que cooptaron el Estado y compraron la política, corrompieron a los dirigentes y arruinaron a los ciudadanos”.
Acusó a Menem de evaporarse de la segunda vuelta, para “mostrar débil y frágil al gobierno que se inicia” y prometió que no será “presa de las corporaciones”.
Final a puro corazón, a través de la reivindicación de la militancia setentista: “Pertenezco a una generación que no se dobló ante la desaparición de amigos y amigas, ante el mayor sistema represivo que le haya tocado vivir a nuestro país, y no voy a dejar esas convicciones por pragmatismo en la puerta de entrada de la Casa Rosada», contestó Néstor a través de un duro mensaje escrito por Cristina. Escribano desde La Nación, señaló que Néstor había dado un paso en falso y sugirió despedir al redactor.
Las últimas palabras del mítico discurso de asunción, también fue escrito por su compañera: “Vengo a proponerles un sueño: reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación; vengo a proponerles un sueño que es la construcción de la verdad y la Justicia; vengo a proponerles un sueño que es volver a tener una Argentina con todos y para todos. Estoy convencido de que en esta simbiosis histórica vamos a encontrar el país que nos merecemos los argentinos”.

El 25 de mayo de 2012 desde Bariloche, Cristina recordó los 202 años de la patria y los 9 que nos separaban de la asunción de Néstor. La Presidenta contó que ella y el secretario Legal y Técnico, Carlos Zanini, habían elaborado un discurso para hablarle Asamblea Legislativa, que Néstor se los “tiró por la cabeza. Cuando lo leyó dijo ‘esto es una porquería, no lo leo, no dicen nada. Le pregunté qué querés que diga y nos ametralló con diez o doce ideas que fueron escritas en ese papel que leyó al otro día”.
Al final del texto apareció aquello de “no voy a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno” y el mensaje entró en la historia.

El hombre más importante de la redacción del matutino que ya era gobernado por los Saguier, se vio obligado a reforzar el “pliego de condiciones” a través de una nota. Néstor era presidente electo. Escribano comenzó lamentándose: “Han sido treinta y seis horas lastimosas, pero no hay que dar por el pito más de lo que el pito vale. Lo decían nuestros padres. Lo podemos decir nosotros. El pito del justicialismo vale bien poco en relación con el interés del país, que debe seguir adelante merced al trabajo silencioso y esperanzado de sus gentes.
Han sido treinta y seis horas de un carnaval decadente, que entristeció, y hasta enfureció, a muchos argentinos, tal vez porque creyeron que el haberlos privado del ballottage comprometía la gobernabilidad. Grave error: la gobernabilidad está comprometida desde antes de ahora, como se verá más adelante. Otro asunto, aunque de menor cuantía, ha sido el agravio acusado por los ciudadanos cuando percibieron que alguien les tomaba el pelo.
Debemos bajar el énfasis indiscriminado en cuanto a la importancia de los hechos que producen los políticos argentinos. Y examinarlos de acuerdo con su real importancia. Más significativo que la toalla arrojada sobre el ring por un menemismo devastado por la catástrofe inminente e inevitable del domingo es el pésimo discurso pronunciado por el ahora presidente electo.
Menem se ha ido de la peor de las maneras; Kirchner, llega. La primera medida de gobierno del doctor Kirchner deberá ser la cesantía de quien ha escrito ese discurso, y, si fue él mismo quien acometió su redacción, convendrá que ya mismo derive en otro la delicada tarea de escribir si es que aspira a ser un verdadero jefe de Estado”.

El verdugo de las privatizaciones, leyó un mensaje. Dijo que el culpable era Duhalde, por dejar al país ante una falsa opción y con un inminente peligro de ingobernabilidad. 
La respuesta del santacruceño, fue inmediata: “No he llegado hasta aquí para pactar con el pasado. Pertenezco a una generación que no se dobló ante la persecución, ante la desaparición de amigos y amigas y ante el mayor sistema represivo que le haya tocado vivir a nuestro país”. Ninguno de los presidentes de los primeros veinte años de la nueva democracia (Alfonsín, Menem, De la Rúa y Duhalde), mostró su cercanía y su solidaridad, con el drama de los desaparecidos. Kirchner pasó a ostentar ese raro privilegio.
Tampoco ninguno de ellos se atrincheró frente a las corporaciones y esa parte del discurso, desafinaba demasiado para el veterano baqueano de la redacción de la calle Bouchard 557. En los últimos 20 años, nadie había desenvainado para denunciar a los sectores del poder económico “que se beneficiaron con privilegios inadmisibles durante la década pasada, al amparo de un modelo de especulación financiera y subordinación política. A esos mismos intereses que cooptaron el Estado y compraron la política, a esos mismos intereses que corrompieron a los dirigentes y arruinaron la vida de los ciudadanos, tributa esta huida”.

Una semana antes de las elecciones, Jorge Lanata lo invitó a “Día D”. Primero Néstor contestó las preguntas del conductor y después vino el interrogatorio de la tribuna: “No acepté ser jefe de Gabinete del Dr. Duhalde, porque considero que el presidente debe ser elegido por la gente y en segundo lugar, porque no estuve de acuerdo con la salida traumática que significó la pesificación asimétrica”.
Kirchner señaló que el gobierno de Duhalde era de “supervivencia nacional” y que a partir de la llegada de Lavagna, se puso un dique de contención al crecimiento del dólar (“más o menos estable sin convertibilidad”) y a la posibilidad de un nuevo espiral inflacionario (“pronosticado por distintos sectores”). Habló del resultado del incipiente proceso de sustitución de importaciones. Balance positivo, “con sus luces y sus sombras y con asignaturas pendientes”, del interinato.
Luego se definió como un futuro presidente, que no será “empleado de los sectores financieros”. Cuando lo consultaron por Menem, sentenció: “Robó a la Argentina. Generó un proceso de exclusión social, sin precedentes en nuestra historia. Llevó la deuda a 180 mil millones de dólares. Generó la quiebra de los industriales, vendió el patrimonio nacional y lideró un proceso de corrupción estructural muy fuerte”.
Brindó data dura de Santa Cruz, estableciendo diferencias notables con el resto del país: 3% desocupación, la menor diferencia entre ricos y pobres 1 a 11 (en algunas regiones era del 1 a 40), “los mejores sueldos de jubilados y docentes” y “la mayor inversión per cápita de obra pública”.
Interrogado sobre el futuro del Banco Nación, en función de la presión del FMI: “Hay que transformar el sentido de la banca pública, no puede seguir teniendo una cartera de clientes privilegiados como la curtiembre de Yoma y tantos otros, que concentran todo el crédito”. No dejó dudas sobre los fines del Nación, cuando apuntó que debe llegar al interior de la Argentina, al país profundo: “Queremos una banca pública que promueva la producción federal. Cristalino, que no trabaje para el grupo de los quebrados o los vivos de siempre”.

Escribano apretó el acelerador. Primero deslizó que estaba a punto de asumir la conducción del país, un presidente casi virtual; un hombre que a la hora de las decisiones, siempre esperaba las instrucciones de su esposa. En segundo término, creía que Lavagna era capaz de subordinar los deseos de la política, a los caprichos de la economía y ser funcional al capital: “Se sabe que Kirchner está hablando con muy poca gente, encerrado en un círculo íntimo difícil de caracterizar, pero en el que es obvio que gravita su mujer, Cristina, senadora nacional. Faltan apenas diez días para la asunción del mando y, salvo la noticia en general alentadora, de que el doctor Roberto Lavagna continuará en la cartera de Economía, es un misterio cómo se configurará el nuevo gabinete nacional.
Perdió el presidente electo una oportunidad de excelencia para ponerse por encima de las rencillas asombrosas del Partido Justicialista, tanto que terminaron por involucrar al país todo. Gracias doctor Menem, al fin y al cabo, por haber liberado a quienes jamás han votado por candidatos del PJ, pero tampoco lo han hecho nunca con el signo negativo del voto en blanco o anulado, de la encrucijada morbosa que acechaba en el cuarto oscuro del domingo próximo.
Ante una sociedad ansiosa por su destino, Kirchner cayó en la trampa tendida por el rival: ahondó los odios y las diferencias con Menem y hasta se permitió la temeridad de sembrar dudas sobre cuál será el tono de su relación con el empresariado y con las Fuerzas Armadas. Se olvidó de que la razón de que hablara ayer por la tarde era, justamente, que en ese momento dejaba de ser el candidato que había competido por largos meses por la Presidencia de la Nación y se convertía en el presidente electo de la Argentina”.
Escribano avizoraba o añoraba, pronosticaba o deseaba, una implosión política ante la ausencia de liderazgos populares: “El temor colectivo que se percibe como saldo principal de la fuga de Menem es que éste haya herido la gobernabilidad del país. Para ser justos, habría que preguntarse, también, en cuánto ha contribuido a esa desazón el inoportuno discurso de Kirchner.
Convendrá decir, ante todo, que el problema de la gobernabilidad es preexistente al de la decisión de Menem, un político, además, que se encuentra al final de una larga carrera, no en el apogeo.
Es más: ninguno de los candidatos que se presentaron en la primera vuelta -ni siquiera quiésecren fue su principal revelación, reafirmada con las palabras que eligió ayer, López Murphy- era por sí mismo garantía de estabilidad institucional en el período por abrirse en días más.
La política argentina se encuentra gravemente fragmentada. El Congreso, en ambas cámaras, es un reflejo de esa crisis. El Poder Judicial se arroga facultades propias de la administración como no ocurre en ningún país serio, desde las finanzas a la determinación de cuáles deben ser las tarifas de los servicios públicos, y se abstiene de actuar, por añadidura, precisamente donde debería hacerlo. Los sindicatos y las entidades representativas de las empresas no cumplen un papel más lúcido que aquellos otros de los que reclaman un mejor ejemplo. Ese es el país con el que los argentinos se han abierto al siglo XXI.
El hecho de que Kirchner se instale en la Casa Rosada con sólo el 22 por ciento de los sufragios acentúa, en principio, el problema de la gobernabilidad, pero está lejos de crearlo. Kirchner llega precedido, y no lo ignora, por una cuestión institucional que se manifestaba con claridad en los días en que Menem proclamaba que vencería con sólo una vuelta electoral”.
El autor avisa cumpliendo con el mandado, que Estados Unidos sigue de cerca la partida que se juega en Buenos Aires: “El Consejo para las Américas estaba reunido en Washington cuando el lunes 28 se hacían los últimos cómputos provisionales de las elecciones. Es un cuerpo que congrega a cuantos tienen en los Estados Unidos una opinión de peso que elaborar, tanto en el campo político como empresarial, sobre los temas continentales. Desde Colin Powell a David Rockefeller.
¿Qué pudieron esos hombres haberse dicho sobre la Argentina, después de conocer los resultados del escrutinio y, sobre todo, los ecos de la infortunada noche de Menem en el hotel Presidente? Primero, se dijeron que Kirchner sería el próximo presidente. Segundo, que los argentinos habían resuelto darse un gobierno débil.
Podríamos pasar por alto una tercera conclusión, porque las fuentes consultadas en los Estados Unidos por quien esto escribe difieren de si se trata de la opinión personal de uno de los asistentes o de un juicio suficientemente compartido por el resto. Sin embargo, la situación es tal que vale la pena registrarla: la Argentina ha resuelto darse gobierno por un año”.
Menciona que Néstor fue avisado del problema en el que se mete, si no está dispuesto a traicionar y a traicionarse: “Ninguna de las conclusiones que dejamos expuestas, merece otro valor que el de un balance informal, casi académico, entre personalidades con la responsabilidad de prefigurarse el horizonte que el mundo tendrá ante sí. Pero interesa conocerlas por exponer la gravedad de las reflexiones en Washington sobre el futuro posible de la Argentina.
Kirchner conoce esa información desde el lunes 5. Y su respuesta fue que él está de acuerdo en que el principal asunto por resolver en el país es el de su gobernabilidad.
No debería, por lo tanto, el presidente electo desaprovechar lo mejor del discurso de Menem al abandonar la lucha sin que hubiera una sola denuncia judicial de fraude electoral o una sola mesa de votación impugnada en el país. Fue cuando Menem predicó sobre la necesidad de construir consensos y anunció que se contaría con su contribución a la gobernabilidad. La gravedad del tema hace deseable que esa contribución sea una realidad, al menos, a partir de hoy”.
El final es un misil a la línea de flotación del enemigo: “Ha caído, al fin, el telón sobre una decepcionante obra de treinta y seis horas. No demos por el pito más de lo que el pito vale, como decían nuestros padres. Dejemos atrás este nuevo papelón de la política argentina.
Pensemos entre todos cómo remontar con el trabajo y el estudio una crisis extenuante, de no menos de cinco años seguidos a estas alturas, y estimulemos al nuevo presidente a que traduzca en los hechos lo que promete con entusiasmo en la conversación privada: Hay que mejorar la calidad de las instituciones, hay que gerenciar la administración del país».

24 de enero de 2010. Las operaciones mediáticas de alto vuelo, fueron una constante en la era Kirchner. «Cobos y Clarín quieren derrocar al Gobierno antes de fin de año», dijo Néstor en su único paso por «6,7,8».
Kirchner denunció que Héctor Magnetto, “es uno de los cerebros claros de este proceso de desestabilización” del Gobierno de Cristina y relató algunos de los encuentros que mantuvo con él. “En 2007 vino a verme y me dijo que Cristina no podía ser presidenta porque era una mujer. Yo le expliqué que ésa era una decisión que iba a tomar el gobierno autónomamente”. El 1 de julio de 2007, el kirchnerismo anunció que la primera ciudadana, será la candidata presidencial del gobiernista Frente para la Victoria en los comicios del 28 de octubre.
La última vez que se reunieron Kirchner-Magnetto, el titular del grupo Clarín le dijo “casi imperativamente”, que el Gobierno debía facilitar el ingreso del holding a Telecom. En esa oportunidad y con relación a sus editorialistas, el CEO sentenció: “En mi empresa mando yo y se escribe lo que quiero yo”.
Sesión en Diputados, 22 de noviembre de 2017. “Si tuvo un gran error Néstor Kirchner fue la fusión de Multicanal con Cablevisión”, firmado Máximo Kirchner. El debate parlamentario sobre la nueva ley de Defensa de la Competencia, alcanzaba un recuerdo pesado para el kirchnerismo.
Prehistoria del conflicto. El objetivo fue buscar una posición más amigable con un grupo que no tiene amigos desde hace varias décadas. Se trató de una lectura del futuro, con sobreprecio de optimismo.
En diciembre de 2007, el Gobierno de Néstor aprobó, con la firma del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, la adquisición de Multicanal por parte de Cablevisión. El mayor operador de cable de la Argentina y a uno de los principales de la región, se quedaba con el 47% del mercado: casi 3 millones de abonados.
Cuando Héctor Magnetto le sacó la joya más soñada, Néstor quedó debilitado.
Dos años antes, Néstor Kirchner renovó las licencias de los principales medios de radiodifusión, con el objetivo de «darles previsibilidad, seriedad y tranquilidad».
El Presidente padeció el mismo trato de todos los que alguna vez negociaron con Clarín, hasta quedarse con los bolsillos pelados.
El Gobierno ya no tenía moneda de cambio ante diálogos futuros y el Grupo a partir de ese momento, se animó a todo para derrotarlo. Concretada la fusión, festejaron aumentando el precio del abono de las dos señales.
El choque con José Sbatella, opositor desde adentro a la creación del monopolio, terminó con el titular de la Comisión de Defensa de la Competencia. La presentación original de Clarín, hablaba de la compra del 20% de Cablevisión, porcentaje que utilizaron para esconder la maniobra que les otorgaba posición dominante en el mercado.
La fiscal Alejandra Gils Carbó, opositora desde afuera, denunció en 2007 un fraude millonario en el Acuerdo Preventivo Extrajudicial de Cablevisión con sus acreedores y demostró que un fondo accionista del Grupo Clarín había formado parte del saneamiento de la deuda de Cablevisión, requisito ineludible para que se aceptara su fusión con Multicanal. El proceso violaba la Ley de Bienes Culturales y no había sido informado a la Comisión Nacional de Valores debidamente.
No obstante y como un signo vital del kirchnerismo, el 29 de agosto de 2012 la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, le tomó juramento a la nueva procuradora general, Alejandra Gils Carbó, en un acto casi relámpago en el Salón de las Mujeres Argentinas del Bicentenario.

La relación kircherismo-Clarín, comenzó a cambiar para siempre cuando la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti informó en marzo 2007 que la planta de Papel Prensa en San Pedro, contaminaba el ambiente y fundamentalmente al río Baradero. La representación del Estado en el directorio de la empresa, marcó la necesidad de obras por 10 millones de dólares para terminar con el problema y el Gobierno fijó un plazo de 180 días para cesar el derrame de efluentes. Tres pericias le daban la razón a la funcionaria: Instituto Nacional del Agua, Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires e Instituto Nacional de Tecnología Industrial.
Después de las intimaciones del Estado, Clarín judicializó el tema y congeló la acción del Estado en un tribunal. Paralelamente, comenzó la campaña de demonización mediática de Picolotti. En julio publicó una investigación con gastos desmedidos de la funcionaria y contrataciones injustificadas de parientes. A partir de ese momento, nada sería igual.
9 de marzo de 2009. La mañana de aquel lunes, arrancó con una tapa de Clarín en pie de guerra. El título central consignó el resultado del “primer test electoral del año”, pero en tono desafiante: “Catamarca: fuerte derrota kirchnerista”. La redacción de Magnetto completó la presentación de la noticia, señalando que “El Frente Cívico que apoya a Julio Cobos, venció por casi 10 puntos a una alianza de Kirchner con Barrionuevo o Saadi. Y que se fracturó antes de terminar el comicio. El gobierno intentó minimizar la caída”.
El matutino había asegurado que el ex presidente, no tendría que haber participado de la campaña en Catamarca, porque la derrota posterior le generaba un costo político muy alto.
Acto del oficialismo en Caseros, partido de Tres de Febrero. La respuesta de Néstor fue dura. Sabía que seguramente su palabra iba a abrir las puertas de una pelea compleja, frente a un enemigo singular. Que especuladores de adentro y enemigos de enfrente, lo iban a calificar de “políticamente incorrecto”. Antes de la frase histórica, ensayó un prólogo para intentar sin suerte suavizar el desembarco. Amparó la dureza del mensaje que estaba a punto de soltar, en que no pertenecía a la burocracia política, ni le gustaba ser hipócrita: “Ustedes saben cómo soy. Con mis aciertos y mis errores. Siempre hablo con absoluta sinceridad”. Y prometió hablar con verdad y la lealtad. «Escuchando a un medio de difusión, el gran diario argentino como dicen ellos, Clarín, me enteré que habíamos sufrido una fuerte derrota en Catamarca y que no debía haber ido. Como titular del PJ, voy a ir hasta el último pueblito para apoyar a este movimiento transformador, porque nosotros no lucramos Clarín, tenemos convicciones. No estamos en el negocio de la política, estamos en la transformación de la patria», sentenció Kirchner.
Afirmó que «el peronismo en Catamarca logró mantener su porcentaje histórico» y Clarín «no lo dice, no habla con la verdad”. Acto seguido, seis palabras que quedaron en la historia “¿Qué te pasa Clarín?», preguntó.
“En Todo Noticias o como le dicen algunos amigos Todo Negativo, también del Grupo Clarín decían que la compañera Cristina no debía ir a Mendoza, al acto popular y al acto con los empresarios. Clarín ¿por qué estás tan nervioso? Hacé democracia, utilizá los medios para informar y no para desinformar a la gente, que ya se da cuenta de cómo son las circunstancias. Para ese diario sólo el peronismo no debe seguir en el gobierno. No dice que el gobierno de Catamarca hace 17 años que está en el poder», dijo Kirchner.
Remató subrayando que cuando el peronismo pierde en una provincia, el diario celebra la alternancia, pero que olvida este supuesto valor democrático como cuando en Catamarca gobierna desde hace 17 años, la misma fuerza política: “Los que no tienen que estar en el gobierno son los peronistas. ¿Qué te pasa Clarín? Tranquilizate”.
La respuesta corporativa de los empresarios periodísticos reunidos en la Sociedad Interamericana de Prensa, denunciaba que la democracia kirchnerista, era de baja intensidad. “La libertad de prensa en Argentina transita un sendero sinuoso, signado por agravios y descalificaciones que dificultan el ejercicio profesional”. En otro comunicado, sostuvo la SIP que “los ataques alimentados o tolerados por las autoridades y exhorta al Gobierno y al partido oficialista a cesar la escalada de hostigamiento”.

EL ZURDAJE: Jueves 15 de mayo de 2003. La agenda armada por el diablo para los Kirchner, primero les pasó La Nación por debajo de la puerta y al mediodía los llevó a América para almorzar con Mirtha Legrand.
“¿Con usted se viene el zurdaje?”, preguntó la conductora escudándose como de costumbre, en los interrogantes de “la gente”.
“Eso no lo dice la gente. No escucho eso desde los años ‘70”, respondió rápido Cristina.
“Hablar en esos términos le costó treinta mil desaparecidos al país. Se viene más democracia”, completó Néstor Kirchner.
La señora de la tele, que siete años después con un inexplicable margen de impunidad, se volvió a amparar en la supuesta palabra de miles de anónimos, para decir que “no estaba en el cajón”; le preguntó a la pareja por la nota de Escribano. El futuro titular del Ejecutivo respondió: “El estuvo de acuerdo con el Proceso y yo no. Yo repudio la represión y las desapariciones”.
Poco después de la muerte del ex presidente, la conductora profundizó la demonización del kirchnerismo, utilizando una de las armas más crueles de su arsenal y en el rol de intérprete de una sociedad con la que no tiene contacto hace décadas, deslizó: «Es feo lo que voy a decir. Lo que dice la gente, la calle, es que el cadáver no estaba en el cajón. Y otra cosa, que el cajón no era lo suficientemente largo, extenso, como para que cubrir el cuerpo del presidente. Es verdad».