Guerra de Malvinas: El fin de la dictadura 1980-81 (Segunda parte)

1979: Comisión Interamericana de Derechos Humanos

En marzo de 1976, en Estados Unidos gobernaban los republicanos. El presidente era Gerald Ford y el vice, Nelson Rockefeller; hermano de David, presidente del Chase Manhattan Bank y amigo personal de José Alfredo Martínez de Hoz.
Este círculo, entre la familia que fundó la Standard Oil y los padres de la Sociedad Rural Argentina, fue clave para abrir las puertas del primer proceso de devastación de la independencia económica.
Las cosas comenzaron a complicarse en Buenos Aires, cuando en enero de 1977, en Washington asumió Jimmy Carter. Pocos meses después, el nuevo gobierno de los demócratas, empezó a cuestionar a la dictadura por las violaciones a los derechos  humanos y organizó un castigo basado en el congelamiento del crédito y embargo de armas.

La «enmienda Humphrey-Kennedy» primero prohibió la asistencia militar y la venta de armas de EE.UU. al Chile de Pinochet y luego a partir de 1978, el gobierno de Carter la aplicó sobre la dictadura argentina. El gobierno demócrata suspendió la asistencia militar y la financiera, cuando se abstuvo o votó en contra de 28 de los 32 créditos que Buenos Aires había pedido a los organismos de crédito.

A Videla no le quedó otra opción. Se quitó el uniforme, se puso un traje y voló a Estados Unidos en septiembre del ’77, para intentar ablandar las relaciones. Pero la misión, no arrojó los resultados esperados. Carter endureció su posición y se activó lentamente el principio del fin.
Cuando la inflación de 1978 superó el 160%, David Rockefeller muy preocupado, pasó 48 horas por Buenos Aires a principios de marzo del ‘79. Las noticias que traía, no eran buenas: la posición de la Casa Blanca, no tenía retorno y de los muchos amigos que habían cosechado en la Reserva Federal, quedaban muy pocos. La única solución era pedirle pero a tasas muy altas, dólares a la banca privada internacional. Se iniciaba la agonía económica de la dictadura.
Aparecieron en escena el Bank of America, los bancos de Dallas y Boston, la Unión de Bancos Arabes y Franceses, el Banco de la Sociedad Financiera Europea, el Banco Europeo de Crédito, la Unión de Bancos Suizos, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, el Citibank, el Lloyds Bank, Wells Fargo, Chase Manufacturs, Marine Midland, Banco di Roma y Citicorp.
En la búsqueda desesperada de verdes, los militares quebraron la veda de cereales que Washington había impuesto a la Unión Soviética y transformaron a Moscú, en su principal socio comercial.

El 8 de septiembre de 1977, la dictadura secuestró a uno de los presidentes de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Alfredo Bravo. En la firma de los Tratados del Canal de Panamá, a la que asistió Videla, el secretario de Estado de la administración Carter, Cyrus Vance, le pidió por el dirigente socialista. A Bravo lo legalizaron diez días después de su secuestro y estuvo casi un año más, a disposición del Poder Ejecutivo con prisión domiciliaria.
En noviembre, Cyrus Vance llegó a la Argentina para amplificar en el territorio, los datos que Estados Unidos tenía sobre violaciones a los derechos humanos.
Carter planificó una visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. Cuando la información se conoció en la Casa Rosada, la dictadura no encontró el antídoto para frenar este nuevo capítulo de “la campaña antiargentina, auspiciada por el marxismo internacional”.
Los militares querían impedir la inspección, pero a su vez no deseaban el aislamiento internacional tan temido.

El vicepresidente de Carter, Walter Mondale, se encontró con Videla en el Vaticano y le dijo que una serie de créditos del Eximbank, que desde hacía meses esperaban el visto bueno de Washington, podían destrabarse si el general la abría las puertas a la Comisión.
La dictadura entonces, planificó el aislamiento de los visitantes. Medios de comunicación controlados, sin actividad política, sindical y estudiantil, ni actos callejeros.
El 6 de septiembre de 1979, llegó a Buenos Aires una misión con el sello de la administración Carter. El objetivo de aquellos 14 días de trabajo, fue investigar las denuncias que pesaban sobre la dictadura militar: desapariciones, centros clandestinos de detención, torturas, presos políticos…Había comenzado, la batalla entre la verdad y el terror.
Los familiares de los desaparecidos y los miembros de la comisión, importantes juristas estadounidenses y latinoamericanos, debieron soportar el hostigamiento de los medios de comunicación y de miles de personas empujadas por la propaganda oficial.
El grupo comenzó a sesionar al día siguiente en la sede de la OEA, en Avenida de Mayo al 700. El presidente de la CIDH era el venezolano Andrés Aguilar, que había sido titular de la Suprema Corte de su país y el vicepresidente era el abogado hondureño Luis Tinoco Castro. La integraban los abogados Marco Momroy Cabra, del Instituto de Derechos Humanos de Costa Rica, y Carlos Dunshee de Abranches, el jurista académico Tom Farer, de Estados Unidos, y el peruano Francisco Beltrán Galindo. El secretario era el chileno Edmundo Vargas Carreño, que luego fue embajador en Argentina y el secretario adjunto, Edgardo Paz Barnica, que más tarde fue canciller de Honduras. Todos eminentes juristas, personalidades absolutamente irreprochables para el discurso macartista de la dictadura que consideraba “compañeros de ruta del marxismo internacional”, a todos los que se interesaban por las violaciones a los derechos humanos.
La comisión estuvo del 7 al 10 en Buenos Aires, luego en Córdoba, 14 y 15 en Tucumán, más tarde pasó por Rosario y regresó a la Capital Federal. Visitó los campos clandestinos de detención de La Ribera y La Perla, en Córdoba y El Atlético, el Olimpo y la ESMA, en Buenos Aires, que como se comprobó más tarde, habían sido desmantelados por los militares para evadir la investigación. Estuvieron en las cárceles de Devoto, Caseros y Rawson. Se entrevistaron dos veces con la Junta Militar y con Videla, dialogaron con los organismos de derechos humanos (APDH, LADH, MEDH, Madres de Plaza de Mayo y Familiares); vieron a los expresidentes Isabel Martínez (detenida en la quinta de San Vicente), Alejandro Lanusse, Arturo Frondizi y Héctor Cámpora (asilado en la embajada de México).
También recibieron a la Conferencia Episcopal y a los políticos Ricardo Balbín y Raúl Alfonsín (UCR), Deolindo Felipe Bittel (PJ), Diego May Zubiría y Rafael Marino (PI), Enrique De Vedia y Francisco Cerro (DC) y Simón Lázara (PSU). A los sindicalistas de la CUTA, empresarios de la UIA, CAME, Sociedad Rural y ADEBA; a la AMIA y la FUA, a la Sociedad Central de Arquitectos y las asociaciones de psiquiatras y psicólogos, al Colegio de Abogados y en entrevistas personales a Lorenzo Miguel, Ernesto Sábato, Jacobo Timerman y Alfredo Bravo.
Abrieron tres oficinas en todo el país y recibieron 5580 denuncias de secuestros y desapariciones. La comisión se fue del país el 20 de septiembre y en diciembre presentaron un informe preliminar donde criticaban duramente el “estado de excepción” que existía en Argentina y denunciaban la existencia de miles de desaparecidos. El documento final se conoció un año después. La dictadura prohibió su difusión. Había comenzado la cuenta regresiva y los represores empezaron a preocuparse por el futuro.

1980: Quebró la “Patria financiera”

El 28 de marzo de 1980, se abrieron las puertas del “principio del fin”. Apenas dos años y medio después de su lanzamiento, la nueva Ley de Entidades Financieras experimentó con el cierre del Banco Intercambio Regional, un baño de realidad.
Si el Estado no subsidiaba a la voracidad privada, el proyecto no tenía destino.
La norma no podía sobrevivir, si entre sus artículos no había uno dirigido a convertir en socios de sus pérdidas, a millones de seres humanos. De la quiebra de un banco, se haría cargo el pueblo. La ley de la selva del mercado, generaba con muchísimo cinismo, la medida más socialista del neoliberalismo…
El Ministerio de Interior cursó tres días después, un radiograma a las provincias donde existían las principales sucursales del BIR, para que difundieran “tranquilidad” a 250 mil ahorristas cruelmente damnificados: antes del 14 de abril, se informará “el lugar y fecha precisa de la puesta a disposición de los fondos para el público depositante”. Los depósitos del Banco de Intercambio Regional, representaban casi el 13% del total del país y el 21%, considerando solo a la banca privada.
A través de la Resolución 77/80, el BIR fue la decimosegunda entidad que cerró, desde la implantación de las nuevas reglas de juego de Martínez de Hoz: “La vigencia de la ley 22.051 sobre garantía de depósitos, obligó al Banco Central a adelantar los fondos necesarios para restituir a sus titulares, los pesos constituidos en cuenta corriente, caja de ahorro y a plazo”.
El 26 de abril detuvieron a los dirigentes del Banco Los Andes y el 9 de julio procesaron y pidieron la captura de José Rafael Trozzo, el otrora súper poderoso presidente del BIR.
El 15 de mayo detuvieron a Trozzo en México y a principios de junio fue tapa de “Somos” desde la cárcel: “Esta historia comienza hace seis años, cuando José Rafael Trozzo compra el Banco Popular de Corrientes y lo transforma en el BIR. Una entidad que con su conducción se convierte en un imperio financiero. Y a la que abandona antes que el gobierno decidiera su liquidación. A partir de allí, el misterio. Hasta que Interpol lo detiene en México”.

Según la Comisión Económica para América Latina, El Salvador fue el país con menor crecimiento de 1980, seguido por Argentina. Durante el ’80, Argentina invirtió 55 dólares per cápita en compra de armamentos. Los gastos efectuados ante la posibilidad de una guerra con Chile a fines del ’78, fueron de casi 4.500 millones de dólares. 

El primer semestre del año terminó marcando que los quebrantos comerciales, aumentaron 101% comparados con igual período de 1979.
Nunca más cierto, aquello de la necesidad con “cara de hereje”, para explicar una de las máximas contradicciones de la última dictadura. El 11 de julio, la Argentina del general Jorge Rafael Videla, firmó con la URSS un acuerdo comercial para venderle en los próximos cinco años, 22.500 toneladas de maíz, sorgo y soja. En el discurso político, los militares aparecían como soldados incondicionales de Estados Unidos en la Guerra Fría; pero en los negocios, el comunismo soviético era el mejor amigo de los terratenientes.
El 17 de septiembre por decreto de la dictadura y a través del Banco Nacional de Desarrollo, pasaron al Estado las acciones de Austral Líneas Aéreas. El capital seguía bebiendo de la teta de aquella Argentina modelo ’80 con 27.949480 habitantes, según el censo de ese mismo año. Los sin trabajo, hambreados y empobrecidos, “salvaban” hipotecando su futuro, a las fortunas de un puñado de apellidos.
3 de octubre. La Junta Militar designó al teniente general (RE) Roberto Viola, como sucesor de Videla a partir de marzo de 1981. El número 43 de la revista “Humor”, sintetizó la decisión con una sola palabra: “Batacazo”. Y agregó que “contra todos los pronósticos ganó Viola”, mientras desde una caricatura, el general mostraba sonriente que tenía en su poder, el ancho, el 7 y el 3 de espadas.
El prólogo del ’81, no presagiaba buenas noticias para el futuro inmediato. En el país que desde el 1 de mayo miraba televisión color en el living, en la Argentina que a fines de agosto quemó un millón de libros del Cid Editor y en la Buenos Aires que en diciembre manejaba en las autopistas de Cacciatore; comenzaban a pasar algunas cosas fuera de libreto. El 19 de marzo, Abuelas de Plaza de Mayo encontró a Tatiana Ruarte y Laura Malena Jotar, las dos primeras nietas recuperadas y el 13 de octubre, Pérez Esquivel, ex detenido-desaparecido liberado en junio de 1978, fue consagrado Premio Nobel de la Paz.


20 de noviembre de 1980. El teniente general Roberto Viola, en su condición de “presidente designado para el próximo período de gobierno”, fue entrevistado por Eduardo Gurovici en Canal 3 de Rosario. El show se montó por “cadena privada”, a través de una red de canales provinciales y en Buenos Aires, se utilizó como soporte a la pantalla de ATC.
Desde el rótulo de la nota, la emisora y el periodista, cumplieron con el perfume de época: legitimar lo ilegítimo, transformar en presidente al dictador. Y como era de rigor en aquellos tiempos, la charla no solo tenía que servir para generar títulos políticos o económicos en las tapas del día después; estas exposiciones siempre apuntaban a la “humanización” de los que habían ordenado secuestro, tortura, muerte y desaparición de decenas de miles opositores a la dictadura. Por lo tanto, antes de desocupación, devaluaciones o diálogo político, el mano a mano repleto de obsecuencia y subordinación, arrancó por “los dos nietos que hacen feliz al abuelo”.
Luego el recuerdo de aquella Navidad de 1978 junto a las tropas del Ejército, al pie de la Cordillera, cuando la posibilidad de una guerra con Chile estaba latente; su presencia en todas las canchas donde Argentina disputó los encuentros del Mundial ’78 y su amor por River. Después el turno de la normalización del movimiento obrero.
Viola: “El sector sindical debe ser normalizado en el momento oportuno, a fin de que esté en condiciones de participar, conjuntamente con los demás sectores del país, en el Proceso de Reorganización Nacional”.
Gurovici: “Lo sabemos un hombre dialoguista, pero estos conceptos que usted a vertido, esta forma de expresarse, ¿nada tienen que ver con populismo?”.
Viola: “El populismo, al igual que el elitismo, son deformaciones de lo popular y de la elite”.
Gurovici: “Me define por favor populismo, general…”.
Viola: “El populismo es bastante difícil de definir. El simil de populismo, es la demagogia: halagar inconsistentemente a distintos sectores y eso se convierte en populismo”.
Gurovici: “¿Y el elitismo?”
Viola: “Todos los países necesitan un núcleo dirigente que constituye su elite. El elitismo es la deformación de esa elite”.
Dejaron el primer decorado, un par de sillones y una pantalla gigante para ver al general desde su archivo y pasaron a un bar. El periodista lo recibió con un trago y le ofreció un cenicero.
Gurovici: “¿Usted le va a solicitar al gobierno actual la implementación de algunas medidas económicas?”  Viola primero le aclaró que no hay cogobierno y que Videla hasta el último día está a cargo de la presidencia, pero subrayó que “este es el gobierno de las Fuerzas Armadas” y que los dos representan el “pensamiento” de los cuarteles.
Gurovici: “¿Qué va a pasar con la economía a partir de marzo?”
Viola: “Los aspectos principistas y conceptuales de la política económica, no van a tener en modo alguno, ninguna modificación. Se van a mantener integralmente, porque representan el pensamiento de las Fuerzas Armadas. Podrán efectuarse ajustes, correcciones o modificaciones en la implementación, propias de las situaciones coyunturales que se vivan en un determinado momento”.
Insiste Gurovici, quiere conocer alguna medida que saque a la economía, del pantano creado por el neoliberalismo que auspició la dictadura. Por lo tanto, le pedía una solución para algunos problemas mayúsculos como la “inflación”. “¿Podemos tener esperanza por algún paleativo a cosas que están ocurriendo?”, consultó el periodista con el tono de quien reconoce sobre la marcha, que cruzó levemente uno de los límites más peligrosos.
Viola: “Buscaremos una reactivación, una reanimación del aparato productivo, pero continuaremos implacablemente en la lucha contra la inflación”. Y en ese sentido, puso el acento en el Estado: “gasto público e ineficiencia”.
Consultado por el futuro ministro de Economía, el militar aseguró no haberlo definido aún, pero planteó que muchos de los nuevos gobernadores, serán civiles: “Las Fuerzas Armadas buscan un punto de unión con la civilidad”. Señaló la característica cívico-militar” de la dictadura, cuando dijo que para llegar a titulares de provincias sin uniformes, “la primera etapa fue el diálogo y la segunda la participación”, pero “participación siempre ha habido”.
Gurovici: “Hay una civilidad útil en el país, que no quiere verse más frustrada políticamente y que puede ser disidente, pero no opositora fuera de la ley”
Viola: “La disidencia es parte de la democracia. La lógica, la normal, la honesta. Los buenos disidentes, también tendrán participación, dejamos de lado a los elementos subversivos o corruptos”.
Para hablar de política, un tercer decorado: un living familiar. “Aunque algunos resultados electorales no atestiguan lo que voy a decir, creo que nuestro país es de una elevada cultura política”. Nombró a Carlos Pellegrini, Julio A. Roca y Lisandro De la Torre, como algunas de las figuras que “dignificaron en alto grado, a la política. A eso debemos volver. Que la Nación argentina siente pasión por la política, que no se sientan indiferentes. Los militares queremos una democracia estable”.
“Su designación abrió muchas esperanzas, muchas expectativas, inclusive en el exterior”, subrayó el entrevistador y como si pusiera su mano en hombro, le pidió un último mensaje para el pueblo argentino: “Las Fuerzas Armadas no fracasarán en este proceso. Las Fuerzas Armadas no las van a defraudar. Les pido esfuerzo y trabajo, lo de sacrificio ya está bastante remanido”.
Nueve meses después de esta nota, la revista “La Semana” publicó en su número del 26 de agosto de 1981, una charla con Bernardo Neustadt. “Son muchos los que sostienen que Viola es el Presidente con menos imagen que hemos tenido en mucho tiempo”, sostuvo la publicación de Perfil. “Es un presidente llano, tiene otra modalidad, -dijo el vocero del poder real-. Quizás al estilo Lanusse, quien se encontraba muy cómodo con Bonavena, por ejemplo”.
“Qué clase de Presidente cree que es Viola”, consultó “La Semana”. “Es un presidente para la apertura -dijo Neustadt-. Este ya no es aquel gobierno que viene a apagar un incendio pavoroso y que lo inmoviliza todo. El incendio ya está apagado”
(«Malvinas 1982: La cuarta guerra contra el imperio británico»)