LAS VIUDAS DE NISMAN, MARCHARAN CONTRA UNA DECADA DE DERECHOS (Visión Nacional-Radio Nacional, 8 de febrero)

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Cuando desde la oposición (partidos políticos, corporaciones mediáticas y parte de la familia judicial), convocan a un cacelorazo sin cacerolas, cuando invitan a participar del acto «apolítico» más político, desde la discusión de la 125; en realidad están jugando a pedir justicia y están exigiendo venganza.

Utilizan con tanto sinismo, como hipocresía, el recuerdo de los 85 que perdieron la vida en la AMIA y la trágica muerte de un fiscal; para poder diagnosticar en las tapas de diarios amigos, el final caótico y si es posible anticipado, del actual Gobierno constitucional.

Necesitan bajar cuanto antes, la persiana de un tiempo en el que recuperamos soberanía política, para soñar con independencia económica; porque tres presidencias consecutivas con perfume de octubre de los ’40, ya son demasiadas.

Necesitan una postal con la imagen de un kirchnerismo malherido, que escape si es posible en helicóptero, buscando esconderse de un sector de la sociedad que amenaza con lapidarlo. Esperan un final tan desastroso, que aleccione para siempre a los que intenten volver a hablar en estas Pampas, de derechos sociales, desendeudamiento, trabajo, desarrollo industrial, paritarias, Malvinas, etc., etc.
Por estas razones piden venganza, Nisman no les importa.

Vienen otra vez por el campo nacional y popular, marchan de nuevo contra un espacio político que en la pelea contra las corporaciones, volvió a quedarse absolutamente solo, como hace 70 años.

El próximo 18 de febrero caminarán como lo hicieron liderados por Braden, el 19 de septiembre del ’45, en la Marcha de la Constitución y la Libertad. Saldrán a la calle como el 14 de junio de 1955, aquel irrepetible día de Corpus Christi, que prometió en silencio muerte desde el cielo.

Vuelven por la absurda lógica, que en el pasado dividió en el imaginario argentino, a los buenos que respetan las instituciones; de los populistas, «feos, sucios y malos», que siempre pisotean la división de poderes, cada vez que asaltan la Rosada. 

Están preocupados por este Gobierno, por el sector político que amenazó sus privilegios disfrazados de derechos (desde no ser elegidos por el voto popular, hasta no pagar impuesto a las ganancias).

Los que convocan no quieren la verdad de lo sucedido con Nisman, buscan confirmar su hipótesis: «El régimen mata. La tiranía asesina a cualquier opositor que se ponga en su camino». Si finalmente la investigación dicta que el fiscal se suicidó, su muerte estará al servicio de todo tipo de especulaciones y quedará a merced del juego político más bajo. Buscan saldar cuentas con la procuradora Alejandra Gils Carbó y desgastar la figura presidencial.

Como parte de esa postal, volvió al escenario esta semana, el ahora amenazado juez Bonadio: “La yegua ya dio la orden de tu muerte”, dijo un mensaje sacado de novela negra berreta y bizarra.

Pero los que convocan, no resisten el vuelo razante sobre ningún archivo. A primera lectura se ven los hilos de sus intenciones destituyentes.

En diciembre de 2014, el fiscal federal Guillermo Marijuan, el mismo que acusa a Lázaro Báez, fue desplazado de la Unidad Fiscal de Investigaciones de la Seguridad Social, por hacer «concursos» de ingresos «no transparentes».

El fiscal Stornelli, imputó en 2012 a Cristina por ponerle un cepo al dólar, fue ministro de Seguridad de Scioli cuando se produjo el trágico accidente que terminó con la familia Pomar, secretario de Seguridad de Boca y habitante del bunker del PRO, festejando las últimas victorias electorales del macrismo en la capital, junto a Mauricio.

Campagnoli, el fiscal de Saavedra, fue el autor de un álbum de fotos con niños, niñas y adolescentes de bajos recursos del Barrio Mitre y lo utilizaba para hostigarlos, estigmatizarlos y criminalizarlos.

Ricardo Sáenz es uno de los fiscales que encabezó la oposición al nuevo Código Penal, por considerarlo garantista y es el secretario general de Certal, la entidad de lobby que sostienen los operadores de cable, entre ellos el Grupo Clarín.

Raúl Plee y Germán Moldes, recibieron duros cuestionamientos de los familiares de las víctimas del atentado, por no haber acusado a nadie, en tramos decisivos conectados de la causa AMIA.

El juez Jorge Gorini, presidente del tribunal del juicio por el encubrimiento del atentado a la AMIA, advirtió que en el Poder Judicial, “hay un clima de adhesión” a la marcha y vaticinó, sin dar nombres, que habrá una “asistencia importante” de jueces.

Julio Piumato responde al actual libreto moyanista y se convierte en amigo de sus viejos enemigos en los pasillos del Palacio de Tribunales, para marchar con ellos.

Muchos de los que marcharán por Justicia, deben explicaciones muy importantes por causas que congelaron o desviaron. ¿Alguno llevará una pancarta recordando a los mil pacientes hemofílicos contagiados con HIV y hepatitis C hace 20 años, mediante el suministro de concentrados importados contaminados, historia que Claudio Bonadio se encargó de dejar sin culpas, ni culpables?

Todos ellos, cobijados por Laura Alonso, Elisa Carrió y Patricia Bullrich, pretenden contarnos que el presente se parece al país de la Triple A, con el mismo sentido que en otras ocasiones hablaron de paralelos con el nazismo y la última dictadura argentina. Trafican palabras, distorsionan el pasado, arman paralelos forzados a los martillazos…

Son capaces de todo, ensanchan permanentemente los límites de la imaginación, porque sus propuestas electorales siguen siendo inconfesables y enamorando minorías, nadie por ahora, ganó una elección…

Editorial

 

 

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