Con Rodolfo D’Onofrio, Mauricio Macri desembarcó en River, a través de un plan diagramado por Diego y Darío Santilli, hijos de Hugo, presidente del club de Núñez (1983-1989) y titular del Banco Nación en tiempos de Carlos Menem; aquel dirigente acusado de un manejo poco cristalino en la venta de Francescoli al fútbol francés y de meter «carapintadas» en la seguridad de River, después del alzamiento de Rico.
Diego es Senador del PRO y Hugo lidera la agrupación millonaria, «Nuevos dirigentes».
La lista de hombres del PRO en la conducción millonaria, la encabeza el legislador porteño José Luis Acevedo, primer Defensor del Socio, en la historia del club de Núñez.
Se trata del ex subsecretario de Fortalecimiento Familiar y Comunitario, que participó en operativos de desalojo nocturnos junto a la violenta UCEP, que casualmente tenía en su staff, a barrabravas de varios equipos porteños.
José Luis, que supo aparecer en los medios por última vez, cuando presentó el proyecto para que se permita la instalación de bares en parques y plazas de Buenos Aires; escribió en su Facebook el pasado 21 de febrero: “Ahora con fuerza vamos a formar una nueva institución, que con seguridad va a mejorar la vida social de cada uno de los riverplatenses”. Los socios que estuvieron el último martes en el Monumental, pueden dar cuenta de ello…
Su hermano Gustavo, es el presidente de la Comuna 13 (Núñez, Belgrano y Colegiales) y dicen en el mundo River, que fue el encargado de aportar a través de una gigantesca flota de taxis, 6 mil de los 10 mil votos que le dieron la victoria al actual presidente del Millonario.
La presencia macrista en el comienzo de la gestión D’Onofrio, la completaban Guillermo Cascio, secretario general de River y ex gerente general del Banco Ciudad; Eugenio Burzaco, vocal titular a cargo del Departamento de Seguridad y ex jefe de la Policía Metropolitana; Agustín Forchieri, asambleísta y legislador porteño; Fernando De Andreis, asambleísta y presidente del Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires; Ignacio Villarroel, vocal titular, coordinador del PRO en Entre Ríos y abogado del partido; Adrián Varela, vocal titular y hombre cercano a Santilli y Alberto Orlandoni, asambleísta y controlador de faltas porteño.
Los dirigentes liberales millonarios con su presidente a la cabeza, intentaron explicar la batalla de la confitería, desde la lógica política de la derecha. Hablaron de la convivencia de la política con los barras (dato cierto) y señalaron que el ataque de la barra del Oeste, hay que contemplarlo como un dato de la inseguridad que vive el país.
Esta mañana y en la misma sintonía, el diario La Nación dice en uno de sus editoriales, que «El fútbol continúa siendo un escenario que muestra con crudeza el crecimiento vigoroso de dos situaciones que se alimentan mutuamente a la vista del desasosiego y el miedo de la sociedad: el accionar violento de bandas que extorsionan y matan por espacios de poder en los clubes, y la incapacidad del Estado para restablecer el orden. La violencia en el fútbol es hoy y desde hace décadas una faceta más de la inseguridad, como lo prueba el hecho de que más de una vez sus víctimas son ciudadanos que no asisten a los estadios».
El macrismo quiere repetir la fórmula de Mauricio, pero lejos de la Bombonera. River es el nuevo laboratorio de la derecha, en el fútbol argentino…

