Marzo de 2003. Juliana Cagrandi y sus alumnos del 3er. año Polimodal, de la Escuela 425 de Melincué, le entregaron un informe a Estela de Carlotto; cuando la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, pasó por Firmat para inaugurar el pasaje “Rodolfo Walsh”. La profesora de “Etica Ciudadana”, había propuesto un “trabajo sobre la memoria y los derechos humanos”, rescatando del olvido, una historia que la perseguía desde su adolescencia.
Dos cuerpos fueron encontrados el viernes 26 de septiembre de 1976, por Agustín Buitrón, un puestero de un campo en Carreras, muy cerca de Melincué.
La Justicia dijo que los jóvenes habían sido asesinados dos días antes. Asentaron, “muertos por disparos”. El “vestía un pantalón común, una polera marrón y un saco». Ella «estaba semidesnuda». Ambos «tenían señales de haber sido torturados y quemados». El tenía una herida de bala en su ojo derecho. Ella presentaba un disparo en el abdomen.
El 29 de septiembre fueron enterrados como NN, en la sección A, sepulturas 2 y 3, del cementerio de Melincué. Nadie sabía sus nombres, no conocían su pasado, ni sus sueños…, pero en aquel pueblo a 117 kilómetros de Rosario y 372 de Buenos Aires, muchos de los 2.500 habitantes, sabían quiénes habían apretado el gatillo. Durante décadas, manos anónimas dejaban flores en ese lugar…


