Irán fue el nuevo Vietnam de los Estados Unidos, medio siglo después

Medio siglo después, Irán se convirtió en el nuevo Vietnam que frenó a Estados Unidos, después de casi cuatro meses de una guerra desatada por el control de la tercera reserva de petróleo del mundo. De aquella promesa presidencial lanzada desde el Salón Oval, que amenazaba terminar con una civilización en una noche, no queda absolutamente nada. El número de muertos terminó siendo un secreto de Estado y solo se escuchan partes oficiales del Pentágono que minimian el saldo trágico de miles de drones y misiles y suenan muy lejanos a la verdad.
Para el mundo que sigue la política internacional con ateojeras, la tranquilidad de saber que ningún ataque aumentará el precio de los combustibles, cuando lleguen al surtidor.
Para Milei, la derrota política de su madre patria con las elecciones de noviembre tan cerca, le regaló un porcentaje de debilidad que por ahora quedó oculto detrás de la corrupción de Adorni, la interna que adelantó Bullrich pensando en el 27 y la necesidad de más deuda externa que tiene Toto Caputo.

Trump resignó todos los objetivos planteados desde el 28 de febrero pasado, en el acuerdo de paz que firmará mañana en Suiza con Teherán. El programa nuclear iraní por ahora seguirá intacto, no se producirá un cambio de régimen y el estrecho de Ormuz continuará en manos de sus dueños.
El resultado final se parece mucho al acuerdo firmado por Barack Obama en 2015, al que el propio Trump había calificado como «el peor acuerdo de la historia».
Pero el dato más importante para los principales analistas militares norteamericanos, es que la guerra expuso todas las limitaciones de la capacidad militar estadounidense y deterioró alianzas internacionales, fundamentalmente con Europa. Primero China terminó con Estados Unidos en la batalla tecnológica y comercial y ahora también está destruida la imagen de país supuestamente invencible en la guerra.
La oposición al republicano, exponen como principales argumentos de la derrota, que Estados Unidos se compromete a levantar todo tipo de sanciones contra la República Islámica de Irán; que expedirá licencias para permitir las exportaciones de petróleo iraní; que se compromete a poner a disposición los fondos y activos congelados de Irán y fundamentalmente que la administración Trump se compromete a diseñar un plan de inversión de 300 mil millones de dólares para la «reconstrucción» de Irán.
Los dos países acordaron la «terminación inmediata y permanente de las operaciones militares en todos los frentes», incluido el Líbano. Sin embargo, ni Israel ni la milicia chiita Hezbolá son firmantes del acuerdo. Washington deberá convencer a Netanyahu.
Estados Unidos e Irán se dan un plazo de 60 días para negociar un acuerdo de paz definitivo, que deberá ser ratificado mediante una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU. Otra derrota para Trump que a través del payasesco Consejo de Paz con el que pretendió crear un organismo paralelo a las Naciones Unidas y solo contró con el apoyo de un grupo de países liderado por Israel Arabia Saudita, Turquía, Argentina y Paraguay.

En la Casa Blanca, hay un presidente que se cree emperador, que buscó empardar a los tiros la supremacía planetaria de Beijing y en realidad, solo es el conductor ideal para uno de los últimos actos de un imperio en decadencia. Se abre un tiempo político de cinco meses antes de ir a las urnas y volverá a hablarse de la violencia contra los inmigrantes y el archivo Epstein. Regresa a sus preocupaciones domésticas, un presidente fascista y que no quiere pasar a la historia como un millonario pedófilo.