El movimiento obrero convertido en actor político, decidió en Córdoba comenzar a terminar con la dictadura de Onganía, aquel general que decía tener objetivos, pero no plazos. En esa Argentina de mayorías proscriptas desde septiembre de 1955, el régimen gritaba que había llegado para reinar las décadas que sean necesarias.
A fines de marzo del 68, el sindicalismo combativo había parido la CGT de los Argentinos con Raimundo Ongaro como bandera y el lema «Honra sin sindicatos, antes que sindicatos sin honra», como juramento. Cuándo al dirigente de los obreros gráficos le decían que había otra CGT legitimada por la Casa Rosada, sentenciaba que puede haber una central con edificio, sello y personería, pero la nuestra representa la voluntad de la mayoría de los trabajadores, «desde una cárcel o adentro de una conciencia».
Un año después, el tirano de «La noche de los bastones largos», apretaba con ferocidad. Los asesinatos de dos estudiantes en Corrientes y Rosario, más la decisión del gobierno cordobés de terminar con el sábado inglés, congelar convenios colectivos y salarios, encendieron la mecha de la pueblada.
La ley de Contrato de Trabajo 4661 de 1905, estableció la prohibición de trabajar desde las 13 horas del sábado, hasta las 24 del domingo. La conquista obrera nació en Inglaterra, en la segunda mitad del XIX.
En mayo de 1969, la clave fue la unión de las dos centrales obreras y el estudiantado sumado en las calles en la pelea.
Agustín Tosco conducía Luz y Fuerza y era uno de los padres de la CGT de los Argentinos. El «Gringo», hijo de campesinos piamonteses, que desde el 49 se incorporó a la empresa de energía provincial, como ayudante electricista, aportó la cuota de marxismo.
Atilio López era el titular de la UTA, desde fines de la década del 50. Militante de la resistencia y el peronismo de base. A los 21 años, comenzó a trabajar como chofer de CATA. El «Negro» solo reservaba para su documento de identidad, el sello radical de su primer nombre: Hipólito.
René Salamanca trabajaba en la planta de IKA-Renault, cuando con la Lista Marrón del SMATA, presidió un frente de trabajadores, que lo consagró Secretario General de la seccional Córdoba en 1972. Miembro del Partido Comunista Revolucionario e integrante de la Comisión Política de su Comité Central.
A Elpidio Torres, le gustaba que lo llamen «el Vandor cordobés». Era el líder la CGT Azopardo local.
Los cuatro entendieron que la unidad, era el único camino posible. Tosco, López y Salamanca, archivaron las profundas diferencias que lo distanciaban de Torres y avanzaron contra el enemigo.
26 de mayo de 1969. El movimiento obrero cordobés, resolvió un paro general de 37 horas a partir de las 11:00 del 29, con abandono de trabajo y concentraciones públicas de protesta. A la hora señalada, las columnas de la industria automotriz comenzaron la marcha hacia la capital provincial. El paro del transporte, desde primera hora de la mañana, congeló a la ciudad. El primer paro activo contra el «onganiato» estava vivo, con el pueblo movilizado en la calle durante casi 20 horas.
Cuando los obreros supieron que la represión salvaje había terminado con la vida del trabajador del SMATA, Máximo Mena, se produjo el estallido popular. La policía retrocedió y la situación fue incontrolable. El saldo dejó decenas de víctimas fatales y cientos de heridos. Para la dictadura, una sola muerte oficial.
Con la policía provincial desbordada, la dictadura recuperó la provincia de la mano del Ejército, pero Córdoba se había convertido en la semilla de otros levantamientos. El 29 de mayo, se extendió en el Viborazo, el Tucumanazo y el Mendozazo.
El «poder real» nunca perdona. Atilio López fue asesinado por la Triple A en el 74, Tosco murió en la clandestinidad en 1975, perseguido y sin la atención médica que requería su salud quebrada. René Salamanca fue visto por última vez en La Perla.
Como el 17 de octubre del 45, el movimiento obrero convertido en actor político, cambiando la historia en mayo de 1969. Lo hicimos una vez, dos y lo haremos tantas veces como sea necesario.

