Medianoche del 5 de mayo de 1976. Haroldo Conti y Marta Scavac volvían de ver «El Padrino II». Los esperaba una patota que durante seis horas, los golpeó y amenazó con llevarse a su hijo de tres meses; mientras a la hija de Marta la habían dormido con cloroformo en su cuarto. Se quedaron con Haroldo y también con los electrodomésticos y el dinero que había en la casa.
Marta salió con los chicos y paró un taxi. El chofer se detuvo y bajó a ayudarla. Ella le contó lo que había pasado y le pido que la lleve hasta lo de sus padres, pero le aclaró que no tenía un solo peso.
«Señora, yo trabajo de noche y todos los días veo casos como el suyo, yo la llevo donde sea», dijo el taxista.
«El hombre tapó la banderita del reloj, me ayudó a sentarme, acomodó a mis hijos y partió a toda velocidad. No hablamos una palabra en todo el trayecto. Al llegar se bajó y volvió a ayudarme con los chicos. No sé quién es, ignoro su nombre. Jamás lo olvidaré», escribió Marta en la revista «Crisis».
19 de mayo de 1976. Videla compartió su mesa durante dos horas con Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, el padre Leonardo Castellani y el presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, Horacio Ratti. El jesuita preguntó al dictador por el destino de Haroldo y por Antonio Di Benedetto, desaparecido el 24 de marzo. El titular de la SADE, expuso un listado de escritores presos a disposición del Poder Ejecutivo.
Los dos escritores famosos del almuerzo, guardaron silencio y solo abrieron la boca para elogiar al general. Después del postre, la palabra de Sábato a los periodistas acreditados en la Rosada, era la de un hombre que no quería ver lo que pasaba a su alrededor: «Puedo decir que con el Presidente hablamos de la cultura en general. Hubo un altísimo grado de respeto mutuo. No incurrimos en la banalidad. Videla es excelente. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresionó su cultura».
Siete años después de la comida en Casa de Gobierno, cuando Borges recibió en España la Gran Cruz de la orden de «Alfonso el Sabio», declaró: «Yo los apoyé cuando el golpe, creyendo que iban a terminar con aquello tan terrible del peronismo, pero luego resultó que son unos sucios negociantes. Es triste pensar que nuestro destino individual esté en manos de estos señores, que son los que tienen las armas».
«Mascaró, el cazador americano», la obra cumbre de de Haroldo Conti, fue uno de los primeros libros prohibidos por el nuevo tiempo de oscuridad que sepultaría las ideas durante más de siete años. Aquella novela del 75, fue premiada por la Casa de las Américas de Cuba y censurada en Buenos Aires. Legajo 2516, de la Asesoría Literaria del Departamento de coordinación de antecedentes de la SIDE: «Propicia la difusión de ideologías, doctrinas o sistemas políticos, económicos o sociales marxistas, tendientes a derogar los principios sustentados en nuestra Constitución Nacional”.
El número 40 fue la última edición de la primera etapa de la revista «Crisis», en agosto del 76. Editorial de Eduardo Galeano: «Haroldo conoce como pocos este mundo del Delta. Sabe cuáles son los buenos lugares para pescar y cuáles los atajos y los rincones ignorados de las islas; conoce el pulso de las mareas y las vidas de cada pescador y cada bote, los secretos de la comarca y de la gente.
El río se vuelca en la gran vertiente y moja y abraza las islas solitarias. Al final del recorrido no está la eternidad, sino nosotros. No te detengas. No te vayas a caer, que te andamos precisando.
Ahora no sabemos nada de él y yo ya no tengo cómo decirle que lo quiero y que nunca se lo dije por la vergüenza o la pereza que me daba».
El 24 de diciembre de 1981, la desaparición de Conti ganó por fin, un lugarcito en los medios. Clarín publicó en un recuadro titulado «Pedido por Conti», que «Un grupo de escritores elevó al presidente de la Nación un petitorio sobre la situación del novelista Haroldo Conti, arrancado de su hogar en mayo de 1976 y del que desde entonces se ignoran paradero y suerte». Entre los firmantes de este petitorio aparecieron Ernesto Sábato, Jorge Asís, Marha Lynch, María Elena Walsh, Luis Gregorich, Enrique Medina, Abelardo Castillo y Héctor Negro.
Catequista, remero, periodista, escritor, militante del PRT, profesor de latín y también padre de Marcelo y Alejandra, los dos frutos de su primer matrimonio. Nació en Chacabuco y está desaparecido.
Aquel 5 de mayo del que hoy se cumple exactamente medio siglo, cuando se lo llevaron y solo faltaban 20 días para que cumpla 50 años, Haroldo dejó en su máquina de escribir un cuento que comenzaba con una tía recientemente fallecida en Chacabuco. La dedicatoria decía: «A mi tía Haydée, para que nunca se muera».
Editorial de Gustavo Campana del miércoles 5 de mayo, en «La mañana de la 750» (Víctor Hugo Morales).

