Una banda que no se cansa de afanar, ni de contarnos la guita en la cara…

Dato viejo, pero que como ayer quedó documentado, es bueno recordarlo: el caso Adorni no es una casualidad, no se trata de un exceso personal, no es una mancha individual. Es parte de un entramado donde se mezclan lúmpenes y millonarios. Ratas, sin otro plan que ser por fin lo que soñaron y garcas, encontrando una oportunidad para empacharse de verdes.
El Congreso de la Nación convertido en un salón de fiestas libertario, custodiado por francotiradores que le apuntaban al pueblo argentino; exponiendo una vez más a los integrantes de una banda que no se cansa de afanar, ni de contarnos los billetes en la cara…

En el balcón del presidente, estaba la misma Pettovello que dejó pudrir seis toneladas de alimentos, pero que rajó a una funcionaria porque gastó dos palos por una cafetera; que echó a la banda de los De la Torre por no repartir comida y multiplicar contrataciones irregulares y que despidió a su jefe de Gabinete, porque sacó un crédito hipotecario en el Nación.
Estaba Toto Caputo, endeudador serial y padre de la bicicleta financiera moderna para que solo ganen sus amigos, que tenía en su plantel a la hija de Calvette, la creadora del verbo «Karinear» en medio de la causa ANDIS. Es el ministro que le dijo a todo su equipo «arrasen con los hipotecarios del Nación» y que viene de expulsar a Frugoni, porque se olvidó de declarar unos ranchitos en Miami.
Que bueno que no faltó Sturzenegger, para contar cómo se logra un contrato de 114 millones de pesos, para que su «jermu» enseñe inglés en Cancillería.

Interesante la presencia de Mahiques, así les enseña a los diputados a hacer facturas falsas para que sus compañeritos y su padre, no queden pegados en la visita a lo de Lewis.
Muy solidario que tipos como Martín y Lule Menem hayan sido parte del escudo protector del Jefe de Gabinete, porque desde el lugar que ocupan, firmar contratos millonarios con el Banco Nación para meter a su empresa de Seguridad, es algo normal en cualquier país del mundo.
No faltó Lugones, con sus más de 100 muertos por el fentanilo contaminado, la destrucción del PAMI y su odio a los jubilados que superan los 80.

Presente Santiago Caputo, el monotributista sin firma pero con demasiado poder, por si era necesario frenar alguna entrevista al presidente, explicar las «valijas voladoras» de Laura Arrieta y dar clase de como manejar los fondos reservados de la SIDE para fines inconfesables.
Sin ser parte del Gabinete estaba la Pato, para recordar tantos miércoles de represión salvaje a los jubilados, gaseando a una nena de 10 años, poniendo en peligro la vida de Pablo Grillo y armando causas con Stornelli por «intento de golpe de Estado», a manifestantes que osaron a gritar en contra del gobierno.
Y por supuesto los Milei, los que pusieron en la calle a dos amigos del alma. Primero a Spagnuolo, después que el abogado presidencial desnudara una trama de corrupción de cerca de 75 mil millones de pesos robados a los discapacitados y de 3% de Karina y después a Reidel, el que iba a ganar el Nobel de Economía con Javo, que después de afanar en Nucleoeléctrica, saldó una deuda personal de 800 millones de pesos.

Entre los que estaban en el recinto como legisladores, pero no en la foto premiun de la barra brava, hay que sumar a Sebastián Parejas, el acusado por desvío de fondos millonarios en el PAMI, en el marco de una licitación fraudulenta para la compra de pañales con sobreprecios.
Estaba el «chatarrero aeronáutico» Luis Petri, para contar cómo quebrar la obra social de las Fuerzas Armadas y la diputada Villaverde que no pudo ser senadora, por su pasado como minorista de cocaína en Estados Unidos.

Que pena que no estuvo Kueider, aunque seguramente lo habrá seguido desde su domiciliaria en Paraguay, porque podría haber explicado su inocencia en chucherías como contrabando de divisas y lavado de activos por 200 mil dólares.
Lástima que en una de esas bancas tenía que haber estado Espert, pero contar como mecenas a un narco, lo dejó escondido en San Isidro.
También faltó Bettina, para explicar la puntería de su kiosco para humanizar empresas ligadas a YPF, Banco Nación, Aerolíneas Argentinas, ARCA y AySA.
Faltaron con aviso los Kovalivker, para contar cómo huir de Nordelta con más de 200 mil dólares y tirar otro paquete de guita en un contenedor de basura o por qué el padre garpó el Movistar Arena, para que cante el presidente.
No estuvieron Novelli, su madre y su hermana; era fundamental el apoyo del que armó la estaba Libra y de las dos que se llevaron la guita de la caja de seguridad del Galicia de Martínez. Pucha, se olvidaron de invitar a Hayden Davis.
Faltó el «recaudador que evade», no fue Andrés Vázquez el capo de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero, que como a Frugoni se le traspapelaron propiedades de lujo en Miami.

El caso Adorni no es una casualidad, no se trata de un exceso personal, no es una mancha individual. Es parte de un entramado donde se mezclan lúmpenes y millonarios, que no solo robaron y roban; sino que destruyeron la industria nacional, rifan el patrimonio del Estado y el agua, venden la soberanía y endeudaron a dos o tres generaciones, que aún no nacieron.

Editorial de Gustavo Campana del jueves 30 de abril, en «La mañana de la 750» (Víctor Hugo Morales).