«Siempre está la pregunta sobre el eventual destino del personal, que ya no tendría lugar en un Servicio Meteorológico Nacional moderno. Es una preocupación que siempre hay que tener. Pero los millones de dólares anuales que requieren hoy esos sueldos, es dinero que pagan otras familias, reduciendo su poder de compra y por ende su capacidad de gastar».
El autor no necesita presentación. Si bien en este gobierno sobran los cínicos, Federico Sturzenegger es el dueño de todos los números de esta rifa. Un hipócrita con protección mediática y judicial, porque con el mismo criterio, esas mismas familias argentinas que no podían comprar leche, zapatillas o carne por los sueldos del Servicio Meteorológico, también pagan los contratos de su esposa María Josefina Rouillet, con el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Ya que estamos, recordemos que se trata de una incompatibilidad grosera, entre el ministro de Desregulación y otra área del Estado que él mismo hiper ajusta, valuada en 114.044.133 pesos. Cifra vergonzosa que pagamos todos para la capacitación en inglés del personal de Cancillería, a la Asociación Argentina de Cultura Inglesa; entidad que casualmente tiene como directora ejecutiva a la esposa del ministro. Y prohibido olvidar que uno de los padres del Megacanje, es el único hombre que hoy está en el organigrama del Estado, que registra funciones en todos los procesos neoliberales en democracia. En Nación, trabajó con Menem (YPF), De la Rúa (Secretario de Política Económica), Macri (Presidente del Banco Central) y Milei (Desregulación) y en CABA, con Mauricio como jefe de Gobierno (titular del Banco Ciudad).
Regresemos a la frase provocativa de Sturzenegger, la que utilizó para amparar los 140 despidos en el Servicio Meteorológico, cuando juró que con el ahorro de estos sueldos, sin dudas aumentará el poder de compra y la capacidad de gasto de los argentinos.
El último dato del Estimador Mensual de Actividad Económica del INDEC, mostró un derrumbe de la demanda comercial del 7% en febrero y ante la no respuesta minorista, cayó casi 9% la actividad industrial. El número dice que entramos en la etapa terminal de Milei, en la que ni los productos importados a precios regalados, ya se venden en la Argentina como entre la segunda mitad del 24 y todo 2025.
Por lo tanto, en este capítulo de fin de ciclo, se acelera el cierre de unidades comerciales, a un ritmo vertiginoso.
La caída del consumo que registra caídas en las 24 provincias, es el fruto de salarios sin poder de compra, el motivo más importante por el que desaparecieron 3.109 unidades comerciales en el último año. Detrás aparecen los alquileres desregulados y los tarifazos; dos decisiones que también le pertenecen al gobierno del que participa Sturzenegger.
El motivo más importante que aceleró la caída de la demanda, son las paritarias pisadas y la pérdida del valor de millones de salarios registrados; con el fin de enfriar la economía y bajar la inflación con la depresión del consumo. Luego los sueldos de la economía informal que llegan a pagarse un 40% menos que el de los trabajadores en relación de dependencia. Finalmente, los monotributistas de facturación irregular.
En esta valoración del castigo liberal al pueblo argentino, hay que sumar a los 300 mil desempleados de la era libertaria, de los cuales casi 60 mil son estatales, número al que hay que sumar a todos los que ya no serán parte del Servicio Meteorológico Nacional.

