Un golpe de Estado con todos los condimentos de los alzamientos del siglo XX, derrocó a Hugo Chávez. Un acuerdo civico-militar, terminó con el presidente electo democráticamente en diciembre de 1998 y cerró el Parlamento. Finalizaba de esta manera el objetivo de la alianza tutelada por Estados Unidos, que unió a la Acción Democrática, el Comité de Organización Política Electoral Independiente, empresarios convocados por la Federación de las Cámaras de Comercio y los más importantes medios de comunicación, liderados por el diario «El Nacional».
El 11 de abril el presidente fue detenido por los rebeldes, mientras aseguraban su supuesta su renuncia y luego trasladado fuera de Caracas. Pedro Francisco Carmona el titular de Fedecámaras, juró como presidente de la Nación y reinó durante 47 horas.
Chávez había impulsado la reforma constitucional del 99, que preservó las riquezas petroleras para el pueblo venezolano (80% de pobreza) y desarrolló una política exterior independiente de Washington.
El Washington Post reprodujo en febrero de 2002, declaraciones de un funcionario del Departamento de Estado, que pronosticaba que “si Chávez no arregla las cosas pronto, no terminará su período”. Paralelamente, el FMI señalaba que “no tendrían problemas” en respaldar con créditos a un eventual «gobierno de transición».
En la madrugada del domingo de 14 de abril y junto una multitud que lo aclamaba en las calles en las ciudades más importantes del país, Chávez retornó al Palacio presidencial de Miraflores.

