Febrero de 2012. Un año antes de su muerte, el general Videla fue tapa de la española «Cambio 16». La redacción encontró en un fragmento del diálogo, un título seductor para la derecha reaccionaria disfrazada de liberal, a la que la revista le hablaba al oído desde la década del 90. Una frase con la que el monstruo se victimizó tantas veces, mostrándose como imaginario rehén de una democracia sin Justicia: «La vendetta de Kirchner contra el Ejército, seguirá mientras persista el unicato».
El diálogo transcurrió en su calabozo de Campo de Mayo, dato fundamental para entender la ira del dictador. La condena primero y la cárcel después, eran estaciones esenciales para poder dimensionar la bronca del tirano a 36 años del comienzo de su reinado.
Las instituciones que lo habían humillado en el 85 con el Juicio a las Juntas, pasaron a cuidarlo con Obediencia debida, Punto final e Indulto. Degradar y perdonar son verbos incompatibles, que no obstante pintan las distintas tonalidades a la que fue sometida la Argentina contemporánea, desde el primer juzgamiento hasta leyes de perdón. Para asesinos y torturadores, ese paso de la vergüenza a la impunidad en menos de una década, significó un precio bastante barato por tanta muerte.
Hasta que llegó el fatídico 2003 y Videla le dijo a la prensa española nueve años después: «Alfonsín cumplió a su manera. Menem también, a su forma, cumplió con los indultos. Así llegamos al matrimonio Kirchner, que vuelve a retrotraer todo este asunto a la década de los setenta y vienen a cobrarse lo que no pudieron cobrarse en esa década. Lo hacen con un espíritu de absoluta revancha. Nuestro peor momento llegó con los Kirchner». Los verdugos sentenciaban a través del general, que lo peor que les había pasado fueron los Kirchner.
En su última aparición televisiva, Luis Caputo, coincidió con Videla. Para el endeudador serial, para el responsable del regreso del Fondo, para el impulsor de la versión moderna de la «bicicleta financiera», para uno de los padres del cuarto industricidio argentino, para el cultor del regreso de la desocupación de dos dígitos y para el custodio de la fuga de capitales; el kirchnerismo fue un «infierno».
Como no entenderlo al Toto, si los sueldos de los trabajadores en relación de dependencia estuvieron 500 puntos por encima de la inflación 2003-2012 y los sueldos de los no registrados superaron en un 300% al costo de vida de esos 12 años.
Como no entenderlo al Toto, si en la reestructuración de deuda externa 2005, se logró una quita del 70% y con la de 2010, ingresaron el 95% de los bonistas.
Como no entenderlo al Toto, si en enero de 2006 se pagó la totalidad de la deuda con el FMI, sin tomar deuda nueva.
Como no entenderlo al Toto, según el Banco Mundial el crecimiento económico argentino de 2003 fue del 8,8. Al año siguiente 9% y 2005 9,2. Fue del 8,4 en 2006 y del 8,6 en 2007, cifra que volvió a repetirse en 2011.
Como no entenderlo al Toto, si Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Argentina con un PBI de 460 mil millones de dólares, presentó en 2015 el PBI más alto luego de Brasil y México. Si el crecimiento del Producto Bruto Interno entre 2003 y 2008, superó el 8% por año promedio y lo elevó a 340 mil millones de dólares. Si esos 12 años significaron el de mayor crecimiento de los últimos 100, si entre julio de 2003 y marzo de 2007, el PBI se elevó un 37,8%, dato inédito en la historia de la economía argentina.
Como no entenderlo al Toto, si se crearon 4 millones de puestos de trabajo nuevos, 200 mil pymes y 2 millones de jubilaciones que no existían.
Como no entenderlo al Toto, si en 2015 los laburantes se llevaban el 51% de la distribución de la riqueza.
El dictador del 76, coincide con el ministro de Economía de otro experimento neoliberal 50 años después. Uno mató para implantar el plan por primera vez, el otro insiste con otro final ruinoso, pero a diferencia de Videla, es va por su segundo fracaso y posiblemente no muera en el inodoro del baño de su celda…

