Los libertarios que mataron a la economía real, hace rato que no tienen recursos genuinos para afrontar el día a día y muchísimo menos para bancar los pagos de intereses de la deuda. Las consecuencias de la casi inexistente demanda comercial y los resultados del industricidio programado, generaron la desaparición de más de 22 mil unidades productiva, dejaron sin trabajo a 300 mil personas y por supuesto, provocaron una sensible disminución de la recaudación fiscal. Y ahora de la mano de los despidos masivos de las grandes empresas y las consecuencias de la reforma laboral esclavista, hay que sumar como consecuencia del fracaso económico, un tiempo de conflictividad social ilimitada.
El mangazo vía crédito externo comenzó a fatigarse después de haber recibido a través de Trump en 2025, casi 45 mil millones de dólares (crédito del FMI, swap del Tesoro y los dólares de Bessent para frenar en octubre una corrida cambiaria). Sumemos a esta cifra que empardó lo que entró por el crédito de Macri en 2018, los 3 mil millones de dólares de un consorcio de seis bancos para el pago a bonistas del 9 de enero y después a principios de este mes, Caputo consiguió otros 800 millones de Estados Unidos, para pagarle al Fondo. Solo entre abril del 25 y febrero del 26, el «milagro argentino» necesitó un respirador artificial de casi 49 mil millones de verdes. Y como las necesidades de un país del volumen de la Argentina son inagotables, en estos momentos Milei está negociando con Kristalina otros mil millones más.
Parches, parches y más parches, que postergan la crónica de la muerte económica, más anunciada de nuestra historia reciente.
En síntesis, la necesidad de hacer caja que persigue al gobierno, lo lleva a pedir crédito casi de manera compulsiva y al mismo tiempo, a transformar al país en un oulet gigantesco. Ni el plan para obtener continuamente dólares para hipotecar generaciones que no nacieron, ni la venta por monedas de los activos del Estado; justifican el costo-beneficio de un proyecto absurdo. Se entrega todo, a cambio de obtener un puñado de recursos finitos, que se van a evaporar casi instantáneamente.
Dentro de esa liquidación perversa, está el agua, recurso estratégico planetario a corto plazo, que será dilapidado con la destrucción de la Ley de Glaciares; que el oficialismo pretende matar para entregarle la naturaleza a las mineras.
El presidente volverá a viajar a su «madre patria», por decimoquinta vez. Encabezará la «Argentina Week» en Nueva York, entre el 9 y el 11 de marzo, en las sedes del JPMorgan y el Bank of America. Una kermese que reunirá a referentes del mundo financiero, tecnológico y energético de Estados Unidos; para ofrecerles los activos que sobrevivieron al derrumbe.
Mensajes enmascarados con palabras edulcoradas, generarán por ejemplo, el discurso colonial del canciller Pablo Quirno: «Argentina y Estados Unidos: Desbloqueando la inversión estratégica en una nueva configuración geopolítica».
En la misma sintonía, Oxenford, embajador argentino en Estados Unidos y Peter Lamelas, protagonizarán un panel titulado. «Fundadores y embajadores: dando forma al próximo capítulo de la alianza estratégica entre Estados Unidos y Argentina».
Están previstos discursos de Mario Lugones, Sturzenegger y Luis Caputo, para mostrar las bondades del RIGI y ponerle el cartelito de remate al país.
El Gobierno dice que esta programación, reforzará su «alineamiento estratégico» con Estados Unidos en materia comercial, energética y geopolítica. Hermoso discurso protocolar para esconder palabras como sumisión, subordinación, rendición, acatamiento y obediencia.
Por esta noble razón, gran parte de los gobernadores que integran a través de sus legisladores el cogobierno parlamentario, se subirán al avión. Llevan kilómetros de papel de regalo, para envolver a la Argentina y dejarla en manos de sus nuevos dueños.
Editorial de Gustavo Campana del jueves 26 de febrero, en «La mañana de la 750» (Víctor Hugo Morales).

