A los gobernadores, solo les faltó pelear por el derecho de pernada

Ayer mientras el presente le guiñaba un ojo a Patrón Costas, me acordé muchísimo del Profe Signorini. Frente a ese mosaico de viejos infieles, más los integrantes del nuevo Congreso armado por la victoria de Trump en octubre; una y otra vez volvía una reflexión del Profe. Regresaba una bronca urgente después de las declaraciones de Adorni, aquel tristemente célebre 13 de agosto de 2024, en el Día Internacional del Zurdo. El por entonces vocero presidencial, ninguneó a Diego cuando mencionó a destacados zurdos argentinos y ante una voz que recordó a Maradona, puso cara de comediante y dijo «ah sí, era zurdo».
Ante ese insulto, el gran Signorini sentenció que algunos «serán olvidados en el trayecto del velorio al cementerio».
El mismo destino correrán estos hombres y mujeres, que confirmaron cuando condenaron a millones de trabajadores, que «no hay neoliberalismo sin traición». Como siempre en el camino, habrá demasiado dolor; pero cuando salgamos de este país enfermo como lo hicimos tantas veces, la historia se tragará a algunos gobernadores, a los que solo les faltó agregar a la Reforma laboral, el regreso del «derecho de pernada».


Ayer mientras el presente le guiñaba un ojo a Patrón Costas, más o menos a las siete de la tarde, cerca de 15 efectivos de la Federal se lo llevaron detenido. Tiene 75 años y es un jubilado con asistencia perfecta, todos los miércoles en la esquina del Congreso.
Diez minutos antes, el hincha de Chaca que siempre está con la tricolor en el pecho, describió para la tele la locura represiva de las fuerzas de seguridad y al final, quebrado por la emoción, dijo entre lágrimas que «el pueblo unido, jamás será vencido».
Que ironía, porque había dicho mirando a cámara que los uniformados eran cobardes; porque él los invitaba discutir mano a mano y ellos no respondían. Y cinco minutos después, mandaron a 15 para llevárselo. Cuando algún capanga lo vio en su despacho monitoreando la tarde, ordenó su detención y ejecutó su venganza.
15 policías para llevarse a un abuelo de 75 años, que el único pecado cometido ayer a la tarde fue ir al Congreso a decirle no a la Reforma laboral esclavista. Carlos se transformó en la mejor metáfora de este país que se desintegra lentamente.
Como siempre la Correpi se movió a toda velocidad y a las 20:30 Carlos, el hincha de Chaca, el que siempre anda con la tricolor en el pecho, estaba otra vez en la calle.

Ayer mientras el presente le guiñaba un ojo a Patrón Costas, el Parlamento militarizado volvía a ser la escenografía del Gobierno libertario, ante su costumbre de tratar leyes inmorales. Una muestra de su debilidad política (no confundir con el poder de la transferencia bancaria), que genera coberturas periodísticas que hablan muchísimo más de la violencia que empiezan a naturalizar muchos, en lugar de contar la inmoralidad que fabrica el Congreso en el recinto.
El mercado manda y sin dudas gases, palos, camiones hidrantes y el ballet de motos que escupe balas de goma, regalan más raiting que un grupo tan olvidable de diputados casuales, con discursos bochornosos para defender lo indefendible.

Ayer mientras el presente le guiñaba un ojo a Patrón Costas, las paredes del Congreso hablaron. Contaron que más allá de los discursos a favor o en contra de regresar al siglo XIX; el dato más importante de la previa, fue la compra de votos para primero lograr el quorum miserable y después la ley esclavista. Aparecieron los pichones de Kueider como herederos de la Banelco, para vender al pueblo argentino, por 30 monedas de plata.
Diputados que escucharon a sus capataces, esos empleados del «poder real» con ínfulas de patrones de estancia, manejando a control remoto desde el norte a sus legisladores. Reclamaron por encargo, obediencia debida al amo y cumplieron.
El país federal no fue parido por provincias con conducciones sumisas y sin rebeldía; fue construido por caudillos que irónicamente hoy engalanan con sus imágenes los despachos de los que hipotecaron el futuro de generaciones.
La sesión tuvo momentos de ciencia ficción, como pretender terminar con un siglo de leyes laborales, sin debate; sin discutir una sola de las vergonzosas 120 páginas del dictamen final del oficialismo. Parecían como decía Marechal, «ladrones en sacrilegio que se van con el oro de una iglesia».

Ayer mientras el presente le guiñaba un ojo a Patrón Costas, en muchísimas plazas del país profundo, en esas ciudades en las que no se aplica el protocolo, solo porque le quedan lejos al Ministerio de Seguridad, las marchas multitudinarias estuvieron de pie. Centenares de gremios y miles de autoconvocados, gritando con la certeza de siempre, que el país fue grande con trabajo y derechos.
Las cámaras lejos de Buenos Aires, registraron una palabra que a esta altura del partido dejó de ser metáfora: esclavitud. Y mostraron una mayoría veterana al pie del cañón, esperando que los explotados del futuro, tomen conciencia que ayer vinieron por ellos.

Ayer mientras el presente le guiñaba un ojo a Patrón Costas, Milei seguía de rodillas ante Estados Unidos y Karina controlaba todo en el Congreso. Uno de los capítulos más terribles de esta Argentina que vende su historia a través de una aplicación china, prometiendo inocencia fiscal para los adultos y baja de la imputabilidad para los menores…

Editorial de Gustavo Campana del viernes 20 de febrero, en «La mañana de la 750» (Víctor Hugo Morales).