Inflación libertaria: Con una sola mentira, se construyen todas las demás

La mentira oficialista sobre inflación, la que le permitió a la sociedad ilícita que lidera la dupla Milei-Caputo, flotar durante dos años sobre «la pobre inocencia de la gente», fue hasta la renuncia de Lavagna el único lugar donde funcionaba la teoría del derrame. Los números ficticios condicionaban sin intermediarios a otros índices fundamentales, mientras se ejecutaba una transferencia de recursos colosal. Servía para contener jubilaciones, pensiones y planes sociales; era una gran excusa para pisar paritarias y dibujaba milagros económicos, despojando imaginariamente de la pobreza a millones de seres humanos. Ese ascenso en la escala social, creció al compás del mito presidencial infinito y en el último Davos, tocó un techo de 15 millones de seres humanos.
Sin inflación real, seguirán afectados los ingresos de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Indice de precios al consumidor y estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía.
En esta historia sin buenos, Lavagna fue el garante durante 24 meses; pero su despedida inesperada generó una crisis política que lo convirtió de la noche a la mañana, en el enemigo público de operadores mediáticos y guionestas libertarios por las redes.

En el marco de ocho meses de aceleración inflacionaria, el mismo gobierno que decreta los tarifazos impiadosos, no encuentra argumentos para seguir ocultando el peso de los servicios en la canasta básica. El sacrificio se quedó sin por qué, el ajuste ya no se apoya en ningún horizonte próspero. En la Argentina neoliberal, otra vez hay «cirugía mayor sin anestesia», pero ni ayer ni hoy ese ajuste destinado a que los pobres paguen la fiesta del palacio, fue para sanar a los más débiles; esa frase siempre fue una delicadeza del verdugo para avisar que iban a remarcar continuamente el precio del sufrimiento.

No hay coartada, pretextos o excusas… El Gordo Dan salió con pólvora mojada por twitter, a decir que Lavagna era un agente secreto de los kukas, que intentó dinamitar la Casa Rosada. Saben que ahora comienza a toda velocidad, un tiempo de luz para los que no querían ver, para los que creyeron el verso de la influencia kirchnerista en la ONU, en la Sociedad Rural, en el Servicio Meteorológico y en la Federación Argentina de Filatelia.

A partir de este momento, la mentira oficial es sinónimo de sacrificio político. Se quebró para siempre, la impunidad de la que gozaba el rockstar en la mesa familiar distraída y en la cola de la verdulería desinformada; porque este tiempo donde ni las dos manos van a servir para ocultar el sol, coincidirá con la profundización de la malaria.
¿Qué ajuste van a defender los gobernadores cómplices? Se quedaron sin libreto los que entregaron todo, a cambio de una traición al pueblo que los votó y que todos los días mira al cielo esperando el milagro.
La intervención política del Indec, es una mancha venenosa que ya rozó hasta los cimientos de la reforma laboral, esos pilares que a fines de diciembre parecían tan sólidos.

De pronto se encarecieron con muchísimos ceros, todos los insumos necesarios para sostener a Milei y empiezan las discusiones para ver quién paga la cuenta. ¿Cómo reciclarse después del final ruinoso, más anunciado de la historia? Será muy difícil para los profetas libertarios, mirar a cámara y decir, «al final, son todos iguales».
Si hasta desde el más allá, se escuchan voces del radicalismo y la Coalición Cívica, pidiendo hipócritamente el regreso de la República perdida. El tema obliga a la condena del oficialismo, deja sin opción a personajes como Alfonso Prat Gay, diciendo que «las estadísticas son sagradas».
En cualquier momento reaparece Nisman o nos cuentan que al RAM le dio media hora a Trump para que abandone la Casa Blanca…

Editorial de Gustavo Campana del miércoles 4 de febrero, en «La mañana de la 750» (Víctor Hugo Morales).