Sueñan con una ley, para terminar con los derechos de los discapacitados

Milei es preexistente a la frase de Donald Trump, «creo que Dios está muy orgulloso del trabajo que estoy haciendo», porque siempre dijo que era un elegido del Supremo y que Karina era Moisés. También es anterior, a definiciones del presidente estadounidense como «mi único límite es mi moral», porque el argentino también es autor de una larga lista de hechos incompatibles con la condición humana; que su gobierno incorporó como naturales. Ese rol que arranca celestial y termina perverso, es su zona de confort más preciada y lo cultiva inclusive como un activo muy importante, ante el núcleo duro de sus rotos; esos feligreses que lo siguen ciégamente desde un lugar muchísimo más religioso que político.

El libertario es un gran militante de la irresponsabilidad social, de la mano de una cruel necesidad por dinamitar principios éticos indiscutibles. Su guerra contra las personas con discapacidad, sus familias y todos los profesionales comprometidos en generar una calidad de vida que la sociedad no les ofrece, es una condición que lo hace incompatible con la función presidencial.

Después de la sentencia del juez federal de Campana, Adrián González Charvay, para que el Ejecutivo cumpla con la Ley de Emergencia en Discapacidad en dos semanas, en la Casa Rosada dicen que no cumplirán con la orden. La excusa gastada pero todavía efectiva, para no asumir ninguna de sus obligaciones con el pueblo, es porque «no están todos los fondos que hacen falta».
Milei ningunea al Poder Judicial, porque es un enviado de Dios y por lo tanto, es muchísimo más importante que un puñado de leyes dictadas por algunos mortales insignificantes.

No obstante, a los burócratas del oficialismo no les queda otra opción que cumplir con su trabajo e intentar cuidar las formas republicanas. Mario Lugones se reunió con Adorni en Casa Rosada, para armar la estrategia destinada a desacatar la orden de un juez. Una jugada en la que ya son veteranos.
El ministro de Salud y el jefe de Gabinete, plantearon que ante la obligación, cumplirán a medias y saldrán del paso con «las herramientas que tengamos», porque como ya sabemos para esto «no hay plata». Para pagar la deuda, los intereses de la bicicleta financiera, los mil millones para entrar en el Consejo de Paz, los F16 y el viaje de egresados a Davos, le comieron la tarjeta a 47 millones de habitantes.

El Gobierno tiene que presentar la resolución que actualiza los aranceles a los centros prestadores desde enero de 2025, el plan de pago de la compensación a los prestadores, la apertura del plan ARCA para refinanciar deudas, los nuevos valores de las prestaciones y el decreto que reglamente la Ley 27.793, que ya lleva tres meses de retraso.
En el mientras tanto, están pensando en una nueva ley. Con Congreso nuevo y dialoguistas que aprueban cualquier cosa por una rotonda, buscarán sacar una norma regresiva que se adapte ideológicamente a la insensibilidad libertaria. Y con ese instrumento, pretenden congelar reclamos y acciones judiciales.

Milei no sería Milei, si acepta la decisión del Parlamento primero y del juez después, porque solo recibe órdenes de Dios. Milei no sería Milei, si va a contramano de su moral y ayuda al sector que considera descartable, porque no le aporta nada a la cadena productiva y encima hay que subsidiarlo. Milei no sería Milei, si muestra un mínimo de sensibilidad social y empatía, con todos los que necesitan Estado presente, simplemente porque la Escuela Austríaca lo prohibe.