«El dominio de EEUU en América Latina no será cuestionado nunca más»

Estados Unidos no le ordenó a lo que ellos bautizaron el «gobierno interino» de Delcy Rodríguez, elecciones para dentro de tres o cuatro meses. Tampoco le reclamó un gabinete de coalición, integrando a los dirigentes de la derecha local, conducidos por la degradada Corina Machado. Solo le ordenó a la presidenta, que la Casa Blanca tenga acceso a la totalidad del petróleo que produce Venezuela. «Si no lo hace lo correcto, pagará un precio muy caro», dijo el autopercibido Nobel de la Paz, cuando prometió todos los bombardeos que hagan falta.

Sin vueltas, sin eufemismos retorcidos, Trump y Marco Rubio, le contaron al mundo que la invasión fue un acto de piratería modelo siglo XXI. Los dos confirmaron lo que no hacía falta decir y mucho menos de manera tan obscena, pero ambos tuvieron la necesidad de gritar, para que el resto de América latina sienta el rigor de la amenaza: las bombas y los casi 80 muertos que dejó el 3 de enero, fueron solo para quedarse con cerca de un millón de barriles de crudo convencial cada 24 horas.
Parece que la operación militar quirúrjica, fue realizada por un cirujano borracho. Sin datos oficiales, la versión decía que Estados Unidos mató a 32 cubanos integrantes de la guardia de Maduro. Todavía no fue confirmado el número de civiles asesinados y heridos, en zonas residenciales de Caracas y alrededores.

Mientras tanto, la escenografía que requiere el hecho con un presidente secuestrado, esposado y con traje naranja, será la postal de los próximos días; aunque el mundo haya conocido muchas evidencias de Trump como golpista o pedófilo y ninguna sobre Maduro como narcotraficante.
Exactamente igual que Cristobal Colón cuando escribió 140 veces la palabra oro en el diario de su primer viaje, el sábado en el primer contacto con la prensa, Trump pronunció petróleo en 25 ocasiones.
Después del desembarco militar, los republicanos prometen la llegada de las multinacionales estadounidenses, para que el saqueo tenga como socio directo a las corporaciones, en esta auténtica fusión cívico-militar.

Para el resto del continente solo amenazas, con un absurdo sentido de eternidad: «De acuerdo a nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio de Estados Unidos en América Latina no será cuestionado nunca más».
Nadie conoce ni el accionar, ni el paradero de los «terroristas invisibles» con base en Venezuela, calificados por Washington como los «adversarios extranjeros» protegidos por el chavismo. Mucho menos las «armas ofensivas amenazantes, que podían poner en riesgo los intereses y vidas de Estados Unidos», que nadie disparó el sábado en defensa de maduro.
Esa fábula del armamento que pone en vilo a la paz mundial, en boca de Trump juega el mismo rol de las armas de destrucción masiva que supuestamente tenía Irak en 2003 y que motivaron la segunda invasión y el final de Sadam Hussein; sin importar que los inspectores de la ONU nunca encontraron nada.

Trump devaluado hacia adentro de los Estados Unidos, se juega a todo en su política exterior, con gestos de violencia extrema que intentan tapar sus fragilidades. Entiende que no tiene otra posibilidad de recuperar terreno rápido, en un año electoral clave para su futuro. La intervención militar y la posible condena a Maduro en un juicio payasesco, no resolverá la inflación, ni los problemas que hoy tienen salud y educación. El tiempo dirá si esta invasión, fue el principio del fin o el reaseguro para su continuidad, bancado por una sociedad que entonces si le ratifica su confianza, se habrá transformado en algo mucho más cruel que él…

Editorial del lunes 5 de enero de Gustavo Campana, en «La mañana de la 750» (Víctor Hugo Morales).