27 de octubre de 2010: Muerte de Néstor Kirchner

«Un líder de carne y hueso» (Fragmento de «No les tengo miedo», Gustavo Campana)

Octubre de 2019. Cuando todavía no tenía su nuevo documento, Isha votó como mujer y agradeció a los fiscales de mesa por el respeto que le brindaron a su decisión.
El 13 de febrero de 2020, Isha Escribano recibió el DNI número 9 mil con identidad autopercibida. “No es casual, de hecho, que mi primer recuerdo se remonte a un bañito ‘de servicio’, donde extasiada y con tan solo 3 años de edad, me montaba clandestinamente a unas botas marrones de caña alta”, dijo la hija de José Claudio, el hombre más importante de la redacción del diario La Nación durante décadas, hasta su jubilación en 2005.
A principios de enero de 2019 y a punto de cumplir 50 años, ella inició el camino para convertirse plenamente en quien siempre soñó ser; después de invertir “muchísimo tiempo, recursos y energía en ser normal”.
Estudió medicina y se recibió con medalla de oro, pero no ejerció. Buscó en el periodismo y encontró muy poco. Luego la música y el universo espiritual de la meditación a través del yoga. Pero faltaba lo más importante para estar realmente completa.
Que suerte que su padre no tuvo razón, cuando le fijó un plazo tan corto a un proyecto de país que transitó 12 años de la política argentina, en caso de no cumplirse sus exigencias virreinales. Porque si su palabra hubiese sido ley, los sueños de Isha estarían incompletos.
“Me pasé toda la vida vistiéndome de mujer en la oscuridad, en la soledad, con vergüenza, con miedo, con la sensación de estar transgrediendo lo intransgredible. Le pedía al cielo que me elimine esto”, Isha 13 de febrero de 2020 en Casa de Gobierno.

15 de mayo de 2003. Restaban diez días para la asunción del nuevo presidente y el diario La Nación salió a dar órdenes muy precisas. Con la firma de su subdirector, el papel gritó con furia y se sentó a esperar una respuesta satisfactoria. El histórico José Claudio Escribano tituló “Treinta y seis horas de un carnaval decadente” y desató una vez más su añejo antiperonismo, a través de un texto que hizo honor a los más bajos instintos de la “Tribuna de doctrina”.
Este no era un traspaso más. Mando, banda y bastón, se habían transformado en símbolos difusos y reinaba una atmósfera de última oportunidad. 
A una larga galería de finales abruptos del siglo XX, le siguieron las supuestas soluciones que eran paridas por el problema. Se repitieron inexorablemente luego de cada desalojo, las crisis económicas empachadas de marginalidad y control social a través de la represión contra el “enemigo interno”. Pero en el comienzo de la nueva centuria, la historia sumaba ingredientes debutantes.
Faltaba menos de una semana, para la asunción más caótica de la maltratada democracia argentina y el balance de la segunda experiencia neoliberal, arrojaba datos devastadores. En la previa, carapintadas, hiperinflación, golpe de mercado y la renuncia de Alfonsín. Después Menemismo, Plan BB, privatizaciones, convertibilidad y Pacto de Olivos. Aparato productivo destrozado, 180 mil millones de dólares de deuda (más de 200 mil, sumada la deuda privada), relaciones carnales, partidos políticos a la deriva, los viajes a la estratósfera, tenis y golf con Bush padre, pensamiento único, buques argentinos en la Guerra del Golfo y la burocracia sindical para domesticar a gran parte del movimiento obrero. Alianza, Blindaje, Megacanje, David Mulford, 39 muertos, Cavallo “superministro”, corralito, corralón, el helicóptero, 24% de desocupación y 53% de argentinos debajo de la línea de pobreza. Cinco presidentes en once días, Ezeiza como única salida (a mediados de 2003, solo en España, vivían cerca de 160 mil argentinos sin papeles) y las cuasimonedas

“Como puede ser que la única alternativa que tiene la Argentina, sea el actual ministro de Economía. Como puede ser que un presidente hoy dice que no puede, que hagamos esto o se viene el final. Señor presidente, los argentinos no somos tontos. Usted quiso ser presidente m’hijo tenga coraje. Recupere la memoria, recuerde lo que le dijo a la gente en la campaña electoral y póngase al frente de la sociedad y la sociedad lo va a acompañar.
Lo que no vamos a acompañar es que nos siga entregando, que todos los días haya un pobre más, que todos los días haya otro hermano sin trabajo, que todos los días quiebre una empresa chica porque no tiene mercado. No lo vamos a acompañar en la resignación, porque es mentira que otra Argentina no se puede hacer. Pero para hacerla hay que ponerse a gobernar, hay que ponerse a administrar. Como va a estatizar señor presidente, la deuda privada. Las grandes empresas privadas que la paguen, son los primeros que la tienen que pagar.
A los que gobiernan la Argentina hoy, lo único que les importa es el establishment, son las 60 manzanas de la Capital Federal, los grandes números y las Bolsas. El resto de la Argentina parece que está demás. Hay una dirigencia política que está detenida en el tiempo, que vive asustada, que tiene miedo porque le dicen ‘esto o el caos’. Y yo les pregunto a todos ustedes: si esto no es el caos, ¿cuál es el caos? ¿Qué otra penuria nos espera? ¿Cuál otra traición nos tiene preparada?
Para volver a darle al pueblo argentino el lugar que se merece, hay que terminar con este compromiso cupular que tiene la dirigencia de todos los partidos. Dirigentes que se pelean antes de las elecciones, pero que después arreglan detrás de los sillones. Dirigentes que dicen, ‘vamos a cambiar todo, les vamos a dar una vida mejor, apóyeme, vótenme’. Y al otro día le dicen, ‘no puedo hacer nada, estaba todo muy complicado, me dejaron todo quebrado, todo fundido’.  Los que conducen la economía, esperan esa claudicación de la clase política. No queremos más la conjura dirigencial, no queremos más acuerdos a espaldas de la gente, no queremos más que se repita que estas son las únicas políticas posibles. Si las únicas políticas posibles en la Argentina, son las de destinar a la gente al hambre y a la desocupación, nosotros habríamos fracasado, habríamos bajado los brazos. Yo les puedo asegurar que hay una Argentina distinta, pero tenemos que volver a ser rebeldes, a recuperar nuestra capacidad trasgresora, a no dejarnos atropellar”.
Néstor Kirchner 9 de noviembre 2001 en Dolores, acto del FPV de Lobería.
Ese mensaje tenía un destinatario. El 24 de octubre, Franco Macri por Radio Mitre, le pidió a De la Rúa que el Estado argentino vuelva a hacerse cargo de la deuda privada como 1982. La coincidencia histórica se llamaba Domingo Cavallo, titular del Central de Bignone y ministro de Economía de la Alianza.
«Deberían tomarse medidas drásticas, como por ejemplo estatizar toda la deuda privada, y tener un banco del tipo que hay en el mundo, un banco que atienda especialmente los proyectos industriales y analizar proyecto por proyecto», dijo el por entonces titular de Socma.
Luego precisó que se refería a la «deuda que todo el empresariado argentino ha acumulado, pagando intereses absurdos y teniendo que enfrentar dificultades absurdas».
Un mes antes, casualmente Correo Argentino, una de las mayores empresas de Socma se había presentado en concurso de acreedores por un pasivo de $ 740 millones: 260 millones al Estado Nacional por el canon y otros 276 millones a los bancos Galicia, Río, Citi, BID, Mundial y Nación.
El 1 de febrero de 2005, el Gobierno decidió que el Correo seguirá en manos del Estado.

Sábado 10 de mayo de 2003. En la casa de Alberto Fernández, por entonces jefe de campaña de Kirchner, Escribano marcó el camino que pretendía la derecha para el gobierno entrante. En un desayuno de un par de horas, el diario creyó que había dejado claro el comienzo de su reinado. El periodista dijo en privado, lo mismo que cinco días después repitió con tinta.
El escribiente del poder le planteó a Néstor, que no se le ocurra bajar las leyes de perdón. El resto del juego de pinzas, los protagonizaban el general Ricardo Brinzoni, por entonces jefe del Ejército y la Corte menemista. El militar se reunió con todos los candidatos y su pregunta más importante, era qué tenían pensado hacer con la impunidad de los violadores a los derechos humanos, en caso de llegar a la Rosada.
Por su parte, los integrantes de la “mayoría automática”, estaban en plena elaboración de un fallo para declarar constitucionales a Obediencia debida, Punto final e Indulto; algo demasiado parecido al fin de fiesta de la dictadura, con la Ley de Autoamnistía de Bignone. La negociación con Eduardo Duhalde, tenía por objeto evitar los juicios políticos a los integrantes de la Corte menemista, si los jueces convalidaban las leyes de perdón. Brinzoni, Julio Nazareno, titular de la Corte de los milagros y el obispo castrense, monseñor Basetto, eran los negociadores.
Por decreto en marzo de 2005, Kirchner desafectó a Baseotto. El sacerdote “condenó” al ministro de Salud, Ginés González García, luego de una expresión a favor de la despenalización del aborto. Baseotto había recurrido a una cita bíblica, para recordar los vuelos de la muerte durante la última dictadura: «Quienes escandalizan a los niños” merecen «ser arrojados al mar con una piedra de molino atada a su cuello».
La respuesta llegó muy rápido. El 16 de marzo, el Vaticano se negó a echar al obispo castrence. Dos días después, Néstor le sacó a Baseotto el cargo de subsecretario y el sueldo.
El 19 de marzo, el Vaticano volvió a la carga: “Las medidas del Gobierno argentino pueden violar la libertad religiosa”. Y el Episcopado argentino, dijo que la medida era “apresurada y unilateral”.
Al día siguiente el Gobierno autorizó a Baseotto para dar misa en la capilla militar Stella Maris. El canciller Bielsa, dijo que la medida apuntaba a “no lesionar la libertad religiosa”.
El 24 de abril, Kirchner viajó al Vaticano para la asunción de Benedicto XVI y la discusión salió de las tapas de los diarios por un rato.
Baseotto presentó la renuncia, el 14 de mayo de 2007.

Eduardo Valdés fue el encargado de presentarlos. Así se conocieron Néstor Kirchner y Alberto Fernández. A Néstor le había gustado una nota de opinión que su futuro Jefe de Gabinete había publicado en Clarín y en aquel primer encuentro en el restaurante Teatriz, armaron una sociedad muy sólida.
Alberto fue el encargado de convencer a Eduardo Duhalde de que Kirchner debía ser su candidato: “Tengo cinco candidatos: dos me quieren destruir (Menem y Rodríguez Saá), el que a mí me gusta no quiere ser (Reutemann), el que elegí no mueve el amperímetro (De la Sota) y el quinto no para de putearme” (Kirchner).

Cristina decía que Duhalde era una losa que no se iban a poder sacar de encima y boicoteaba la posibilidad de una alianza electoral para las presidenciales 2003. Néstor sabía que el precio era tan alto como el riesgo, pero que si las cosas salían bien, el resultado de la apuesta sería histórico. Un día en Río Gallegos, Kirchner le pidió a Máximo que lo acompañe a ver unas obras por el pueblo. Cuando se subieron al auto, Néstor preguntó: “¿Creés que los milicos tienen que ir presos por todo lo que hicieron?’. La respuesta, fue “por supuesto”. Segunda pregunta: “¿Creés que este país necesita terminar con el tema de la deuda externa crónica y tener otra política económica, que genere trabajo?”. Máximo volvió a decir que sí. Ante las dos respuestas positivas, Néstor sentenció: “Bueno, entonces ayudame a convencer a tu vieja porque tenemos que cerrar con Duhalde. Si no, no ganamos”.
Sabiendo que la imagen negativa de Menem rozaba el 70%, el equipo de Kirchner tenía que trabajar para que en el peor de los casos, Néstor terminara segundo. El slogan de campaña, fue “Al pasado ganale en la primera vuelta”, lógica discursiva para convertir al menemismo en una pieza de museo.

La visita de Escribano obedeció a que las encuestas ya le daban al Pingüino casi el 70% de los votos y las elecciones por entonces, eran cosa juzgada.
Un dato conspiró contra el Plan A, que elaboraron los que se creen dueños del título de propiedad de la Argentina. Néstor se negó a ponerse de rodillas. El hombre de Mitre, de lazos muy estrechos con la embajada de los Estados Unidos, salió rápidamente con el mensaje rumbo a la residencia de Palermo dispuesto a alertar con detalle a sus gerentes. Puntualmente, Escribano planteó aquella mañana, que su palabra era la de los miembros del Consejo de las Américas, o sea de Rockefeller y compañía.
El periodismo oligárquico-militante a través de uno de sus mejores exponentes, intentó operar de manera brutal, con una amenaza sin precedentes que por supuesto no fue la última. Ese mano a mano fue testigo de la primera de las muchísimas proclamas destituyentes que lanzó el poder real en los medios de comunicación, entre 2003 y 2015.
El representante de La Nación, les recomendaba a sus interlocutores aceptar completo el pliego de condiciones, porque ante cualquier objeción la sentencia de muerte ya estaba redactada. Si se rebelaban, prometía gobierno con fecha de vencimiento y pronosticaba permanencia en la Rosada, solo por un año.
Escribano planteó transformar a la Argentina, en un protectorado a las órdenes de Washington (“Es necesario un alineamiento incondicional. Debe reunirse de inmediato con el embajador de los Estados Unidos”), pidió condenar públicamente a Cuba (“Preocupa la posición argentina, respecto a un país donde están ocurriendo terribles violaciones a los derechos humanos”) y subrayó como extremadamente necesaria, la reivindicación del terrorismo de Estado (“No queremos que haya más revisiones sobre la lucha contra la subversión. Está a punto de salir un fallo de la Corte Suprema de Justicia en ese sentido. Nos parece importante que el fallo salga y que el tema no vuelva a tratarse políticamente. Creemos necesaria una reivindicación del desempeño de las Fuerzas Armadas en el contexto histórico en el que les tocó actuar”).
El periodista le preguntó al futuro presidente: “¿Por qué no se reunió aún con los empresarios?”. Dejó para buenos entendedores, que el capital también tenía instrucciones para el nuevo títere.

El 12 de diciembre de 1944, se realizó una reunión reservada entre el coronel Perón y un grupo de representantes del poder real. Hombres del mundo financiero, la ganadería, los cereales y la Justicia. El dueño de casa era Mauro Herlitzka, directivo de Sofina, el holding al que pertenecía la Compañía Hispano Argentina de Electricidad (Chade); la empresa de electricidad que proveía de energía a Buenos Aires.
Los invitados: Adolfo Bioy (padre de Adolfo Bioy Casares, ministro de Uriburu y Aramburu), Santiago Bacque (integrante del jurado de ética del Colegio de Abogados y delegado de San Juan ante la Corte Suprema de la Nación), José María Cantilo (canciller de Ortiz y embajador en Montevideo y Roma, de Castillo), Jose Figuerola (español que participó del gobierno de Primo de Rivera), Alfredo Hirsch (director general de la firma Bunge y Born), Rodolfo Moltedo (integró los directorios de Loma Negra y Banco Supervielle), Manuel Ordoñez (abogado del diario La Prensa) y Augusto Rodríguez Larreta (periodista de La Nación y luego fiscal).
Perón mostró su intransigencia, cuando le pidieron bajar la bandera de la justicia social, anunció su sueño de la creación de la industria nacional y contó su encuentro con Scalabrini Ortiz, quien le transmitió su proyecto de estatización ferroviaria.
Tres declaraciones de guerra en un solo día, para los creadores de la
“década infame”.

Don José Claudio llegó a la casa de Alberto, con toneladas de prejuicios sobre la raza política argentina. Son todos iguales: traidores con tarifa, que archivan ideales y dejan a la intemperie a millones de seres indefensos. La ignorancia sobre las características del hombre al que había que “comprar”, lo llevó a creer que su misión era un trámite.
No pudo ver más allá de sus escrúpulos, no creyó en la entereza de Néstor, ni escuchó el peso de sus certezas y poco después buscaría revancha. Nunca imaginó a Kirchner, como la muralla contra la que iban a chocar los despojos del nuevo proceso de desperonización que encarnó el menemismo.
A esta traición, basada en vaciar de contenido a uno de los dos partidos mayoritarios de la Argentina, se sumó De la Rúa transformando al radicalismo en una cáscara vacía. Un país políticamente en ruinas, padecía la infiltración neoliberal pero el hombre de a pie no terminaba de identificar al verdadero enemigo. La puteada generalizada no advertía a quién reportaban los actores principales.

Néstor lanzó la candidatura, el 15 de enero de 2003 en la Quinta San Vicente. Acto para mostrar al gobernador de Santa Cruz, defendido sin chistar por las espadas del duhaldismo. Muchas guardando las formas en público y actuando solo por disciplina partidaria, a pedido del presidente interino.
Kirchner declaraba no se prestaba al juego de internas oscuras, “porque el menemismo maneja los padrones” y entonces la pelea por el peronsimo se iba a dar en la presidenciable.
Enrique Reutemann, hermano del gobernador, fue uno de los que en soledad o por encargo, planteó su oposición descarnada desde alguna escena de “No habrá más penas ni olvidos” (Osvaldo Soriano): «La figura de Kirchner me representa la centroizquierda del peronismo; contiene una ligazón con Montoneros y lógicamente, la opción es el ex presidente Menem. Yo soy una persona de centroderecha. Kirchner representa los derechos humanos”.
En aquel acto de apertura de campaña, dejó como en cada discurso una promesa cumplida:
No quiero ser un presidente honorífico».

El 14 de mayo, Carlos Menem anunció que se retiraba de la segunda vuelta. Solo faltaban cuatro días para concretar el primer ballotage de la historia política argentina, el que paradójicamente era posible a través de la reforma constitucional del ’94, que el propio ex presidente auspició para lograr su reelección. El riojano no aceptó el fracaso. Las encuestas mostraban que la cosa sería muy difícil, hasta en su propia provincia.

La legitimidad que Menem le negó en las urnas en 2003, Néstor la consiguió en las legislativas dos años más tarde. Las cifras de las elecciones del 23 de octubre de 2005, fueron muy importantes (Frente para la Victoria casi el 40% de los votos, seguido por la UCR arañando el 13%, ARI 8% y el PRO 7,55%), pero el triunfo de Cristina sobre Chiche por más de 20 puntos por una banca en el senado nacional, terminó con el fantasma del duhaldismo e instaló un nuevo mapa político en la provincia que siempre define la suerte de una elección nacional.
Tiempos de discusiones con José Pablo Feinmann, cuando el filósofo le planteaba a Néstor que cuando termine con Duhalde, él se iba a convertir en el nuevo referente de la política mafiosa.
En la recta final de la campaña, empezó a perder a Lavagna. El 12 de agosto, el ministro compartió el almuerzo televisivo con Mirtha Legrand. Cuando la conductora le preguntó acerca de su preferencia entre Cristina y Chiche, el economista no dudó en responder “las dos”. La abstención cuando estaba en juego el futuro del Gobierno, era mala consejera.
Kirchner ganó el plebiscito que necesitaba, en 17 de las 24 provincias, para seguir profundizando su modelo e instalar al kirchnerismo como un agente de transformación.
Pero esta jugada, tiene una historia.
Para desactivar al PJ, Néstor pensó en la transversalidad, en una opción multicolor y policlasista. Unir en un nuevo movimiento a todos los sectores progresistas y esperar mejores tiempos para dar la pelea en los territorios manejados por caudillos devaluados, pero aún poderosos. Aníbal Ibarra, jefe de Gobierno porteño; Luis Juez, intendente de Córdoba y Hermes Binner, al frente de Rosario, eran parte de esa estrategia plural y multicolor. Unos más cercanos, otros con pasado que obligaba a más reparos, pero todos con desarrollo territorial sobre urbes importantísimas. Graciela Ocaña al frente del PAMI fue otra apuesta sin red, pretendiendo ensanchar hacia el ARI de Carrió las fronteras del nuevo espacio.
El primer choque fuerte con Duhalde, fueron las elecciones porteñas de 2003. El caudillo bonaerense apostó por Macri y el kirchnerismo apuntaló a Ibarra. En plena campaña electoral, Néstor fue con los tapones de punta contra Scioli por dos temas muy sensibles para el nuevo Gobierno, como leyes de perdón y tarifas de las privatizadas. El 19 de agosto, fueron desplazados el secretario de Turismo y 11 funcionarios del área.
Al día siguiente, los diarios titularon que Kirchner no recibió al vicepresidente y el contragolpe del 2 fue participar en esa misma jornada de en un acto con Chiche.
El domingo 24 fue la primera vuelta: Marci 37%-Ibarra 33,7%. La victoria del ex fiscal en el ballotage, llegó el 14 de septiembre: 53,5% a 46,45%.
El mismo día, triunfos oficialistas en la provincia de Buenos Aires (Solá 43,3%, Patti 11,7%, Stolbizer 11,4% y Rico 10,3%), Jujuy y Santa Cruz.
23 de abril de 2004. Ante empresarios en la Casa Rosada y 11 meses después de su asunción, Kirchner criticó por primera vez a Duhalde en público. “La devaluación fue poco prolija”, fue la frase medida palabra por palabra, pero muy profunda, que eligió el presidente para hablar de la decisión tomada en enero de 2002. Lo hizo para asegurar que si existe un retraso tarifario en el sector, es «porque hubo una devaluación que se hizo en forma poco prolija». La tensión más o menos secreta y reservada, ganó la superficie.
Néstor en el lanzamiento de fondos fiduciarios para la ampliación del sistema de distribución de gas, dijo también ayer que es un «acto de reduccionismo político e institucional» culpar al Gobierno por los problemas de energía que sufre el país. Además, insistió en su crítica a su antecesor cuando afirmó que el no haber hecho una salida «gradual» de la convertibilidad generó un cúmulo de problemas que ahora debe afrontar él.
El ex presidente interino, se defendió en el diario La Nación: «La historia dirá cómo fue. Hay muchos que piensan como Kirchner. Lo que sé es que en ese momento, que era muy crítico, yo estaba solo, muy solo». El matutino se enganchó de estas dos últimas palabras, para editorializar que ahora se quejaba el que no había querido ser jefe de Gabinete duhaldista.
El por entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández, aclaró que el santacruceño no quiso ser funcionario de Duhalde porque no estaba de acuerdo con el proceso devaluatorio: «Lo que dijo ayer Kirchner es viejo, desde la campaña planteó su desacuerdo». Alberto venía de un intercambio áspero con el ministro de Economía, Roberto Lavagna, que había elogiado el proceso de devaluación que instrumentó Jorge Remes Lenicov.
Dijo el diario que, “Según el relato del ex presidente, estuvo dos días sin dormir antes de tomar la decisión de devaluar en 2002. Cuando tomó la resolución, luego de varias consultas, les dijo a varios empresarios que trataría de que ese proceso cambiara el modelo del país hacia uno productivo. ‘Pensé que el campo iba a ser el motor del despegue de la Argentina. Seguro que se podría haber hecho mejor’, admitió”.
Kirchner sumaba: según Duhalde, la Argentina todavía no era un país confiable y los elogios a Menem, que el ex presidente le agradeció mucho desde Chile.
30 de diciembre de 2004. El fuego en un recital de Callejeros, significó la muerte de 194 jóvenes en Cromañón y el final de aquel entramado político.
Néstor olfateó que el macrismo se montaría cruelmente sobre la pila de cadáveres para terminar con Ibarra (como lo hizo en 2015 con Nisman, para acorralar a Cristina) y que se jugaría una fichita a ver cuánto lo podrían lastimar. Criticaron su permanencia en El Calafate, mientras la tragedia social se agigantaba minuto a minuto.  No falló con el primer pálpito, que se llevó un posible segundo en la próxima fórmula presidencial kirchnerista.
Muerta la transversalidad (el jefe de Gobierno porteño finalmente fue destituido, el 7 de enero de 2006), Néstor tenía que ir por el PJ.
El presidente necesitaba construir poder hacia afuera, pero también hacia adentro y lo esperaba un combate muy duro, con un duhaldismo devaluado, que no estaba dispuesto a soltar su territorialidad.
Congreso justicialista 2004. Eduardo Fellner nuevo presidente. Cristina abucheada, salió de Parque Norte con el certificado de defunción de sus enemigos: “No es la primera vez que no me dejan hablar, pero quizá sea la última vez que nos encontremos”. El duhaldismo con Chiche a la cabeza, les gritó “traidores” e “infiltrados” y levantó la bandera del “viva Perón”, como la antítesis del kirchnerismo.
De la Sota aportó un bidón de nafta al fuego de viejas discusiones setentistas y apuntándole al kirchnerismo dijo: “Así como condeno el terrorismo de Estado, no puedo decir que me he olvidado que también me dolió cuando lo asesinaron a José Ignacio Rucci a sólo 24 horas de haber asumido el presidente Perón”. La respuesta de los representantes del pejotismo, fueron aplausos y marcha peronista. “Muchos hablan de Rucci, pero él no hubiese permitido que se votaran las leyes laborales que se votaron”, fue la respuesta del gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo y el clima irrespirablemente opositor para el kirchnerismo.
Cristina arremetió con el PJ “debe dejar de darle lugar únicamente a las mujeres portadoras de marido”. La esposa de Duhalde contestó: “Soy portadora de apellido: me llamo Hilda Beatriz González de Duhalde y no me pesa”. Crónica de una muerte anunciada, para una relación que en ese momento era incompatible.
Cuando en 2007 Cristina era la candidata presidencial del Frente para la Victoria y se buscaba un vice, Kirchner reflotó el espíritu de aquella propuesta inicial de transversalidad. Cuando visitó “6,7,8” en enero de 2010, explicó que la decisión de llevar a Julio Cobos como candidato a vicepresidente, tuvo que ver con ampliar la base de sustentación del proyecto: “La decisión la tomamos en mi despacho con Cobos, el gobernador de Río Negro, Miguel Saiz, y el gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora. Cobos era el único que no tenía reelección en su provincia. Después, se lo comentamos a Cristina y ella estuvo de acuerdo”.
En un Wikileaks revelado en 2011, apareció un mensaje de agosto de 2004, luego de una visita de Eduardo Duhalde al embajador norteamericano Lino Gutiérrez. El bonaerense le aseguró que “Kirchner jamás pondrá a su mujer de candidata, porque no puede tolerar el papelón que pierda la elección”.


Con esta función, coronó una década de protagonismo central en el proceso de destrucción de la política y en particular del peronismo. El riojano impidió que el próximo presidente asumiera legitimado por las urnas, después del 22% en primera vuelta y lo dejó a la intemperie ante sus viejos amigos del establishment. Lo imaginaban cercado, débil, manejable.
Un verdadero desaire al sistema, a través del cual el riojano también se cobró viejas facturas.

En absoluta minoría, Néstor pidió la palabra en el Congreso justicialista de 1996 en Parque Norte y avanzó contra el modelo neoliberal, encendiendo a gran parte de los presentes. De pronto, ingresó Menem. Cuando Lorenzo Pepe, en su rol de secretario general del encuentro, le dio la palabra para que cierre el acto, el santacruceño volvió a pedir que lo escuchen: “Señor Presidente, como no soy hipócrita, quiero reiterar lo que dije hace diez minutos” y repitió cada concepto.
Menem terminó su discurso y luego el cuerpo votó la convocatoria a internas que pretendía el Presidente, sabiendo que esa elección volvería a armar una comparsa para acompañar incondicionalmente su gestión nacional. Néstor había pedido, sabiendo que el reclamo solo sería testimonial, la formación de una conducción interina con representación de las minorías. La mesa dijo que la posición del riojano se había impuesto “por unanimidad”. Entonces Kirchner levantó la mano y aclaró: “Por unanimidad no, yo no voté”.


El 27 de abril de 2003, Carlos Menem se impuso con el 24,35% de los votos. Detrás Néstor Kirchner 22%, Ricardo López Murphy 16,34%, Elisa Carrió 14,14%, Adolfo Rodríguez Saá 14,12% y Leopoldo Moreau 2,34%.
El Flaco convirtió la frialdad de un porcentaje, en un fuego que arrasó con todos los pronósticos que esa misma cifra proyectó.
Cinco candidatos concentraron casi el 90% de los votos, con una diferencia entre el primero y el quinto de apenas el 10%. Ninguno participó representando a los partidos tradicionales, pero habían sido construidos por esas matrices ideológicas: Frente por la Lealtad (Menem)
Frente para la Victoria (Kirchner), Recrear para el Crecimiento (López Murphy), Frente Movimiento Popular (Adolfo Rodríguez Saá) y Argentina por una República de Iguales (Carrió).
Néstor asumió sin respaldo partidario institucional, pero empezaba a ser bancado por una mixtura donde anidaban la dosis justa de peronismo, sectores de la izquierda nacional, progresistas, piqueteros y residual de asambleas 2001.

Los tres candidatos con certificado de nacimiento en el peronismo, concentraron cerca de 12 millones de votos y se impusieron en 23 provincias (Menem 12, Kirchner 8 y Rodríguez Saá 3). Los tres que provenían del radicalismo, 6 millones y medio (Los 500 mil votos que siguieron a López Murphy, mostraron que la Capital no estaba dispuesta a cambiar, pese al sufrimiento de la clase media con el gobierno en el que su nuevo candidato ocupó dos ministerios. Un año y medio después de la confiscación de sus ahorros, su empobrecimiento y la falta de trabajo, regresaban a casa).

«La existencia de una campaña sistemática de difamación y calumnias contra mi persona orquestadas desde el comienzo del gobierno de la alianza y continuada durante el actual gobierno de transición ha generado las condiciones para que una importante franja de la opinión pública se pueda ver virtualmente sometida esta vez al acto de  violencia moral de tener que escoger un candidato presidencial al que apenas conocen y en el que no confían»,
dijo el ex presidente cuando tiró la toalla.

Restaban pocos días para el cierre de campaña 2003. Los hombres de Kirchner sabían que la pelea era voto a voto y que más de una encuesta entregaba una ventaja mínima para Carlos Menem. Caminata por Lanús del futuro ministro de Defensa, José Pampuro, distrito del que fue secretario de Salud entre 1983 y 1987. Una vecina lo tranquilizó, ella apoyaba al desconocido, solo porque él se lo había pedido: “Pepe, te lo voto al tuyo, te lo voto a Kissinger”.
Móvil de CQC, en la puerta de la cancha de River. Acto del  2 de abril de 2003. El periodista interroga a los futuros votantes de Kirchner, con una pizarra y un marcador en la mano. Les pide que escriban el nombre del candidato a presidente que van a votar. Tiran “Kirkner, Kisner…” y todas las variantes posibles, jugando con casi todas las consonantes del abecedario.
La televisión venía de una década de banalidades. Un notero enfrente de Néstor, solo preparaba una tipo de pregunta, que siempre dibujaba el contorno de su nariz exageradamente aguileña: “¿Cómo alguien tan fulero se levantó a Cristina?”. Y por supuesto, cuando quedaban a solas con ella, era la misma pregunta cambiando el orden de los factores. El remate casi siempre pasaba por ojo estrábico: “¿Usted que tiene un ojo bárbaro para esto, como la ve?”.
El mismo cronista que estaba en entrada de Udaondo del Monumental, después encontró a los integrantes de la fórmula presidencial, a punto de entrar al campo de juego y dirigiéndose al Flaco, no guardó ironía: “La gente no conoce mucho la propuesta y tampoco su nombre. Me queda una duda, ¿se escribe con H de Duhalde?”. Remata con, “Scioli vendía electrodomésticos, ¿ahora no nos estará vendiendo otro aparato?”.
Ese día ante 45 mil personas, Kirchner dijo: “Nunca más vamos a cambiar a Evita por María Julia” y “Conmigo no se van a encontrar con un presidente, que cuando su pueblo reclama en Plaza de Mayo, como fue el 20 de diciembre, justicia y comprensión, lo mandan a reprimir y se escapan en un helicóptero”.
El contraste entre los juegos sobre Néstor y lo que dijo el candidato en el acto, era el abismo que separaba a los grandes medios de la política. Los que fueron comparsa del menemismo, ahora te mostraban que nadie era más importante que sus jodas televisivas.

La respuesta del santacruceño, fue su primera palabra en calidad de presidente de la Nación, once días antes de jurar en el Congreso: «Las encuestas que unánimemente le auguran una derrota sin precedentes en la historia electoral de la República permitirán que los argentinos conozcan su último rostro: el de la cobardía. Y sufran su último gesto: el de la huida. El retiro de la fórmula es funcional a los intereses de sectores económicos que se beneficiaron con privilegios inadmisibles en la década pasada, al amparo de un modelo de especulación financiera y subordinación política, a esos mismos intereses que cooptaron el Estado y compraron la política, corrompieron a los dirigentes y arruinaron a los ciudadanos”.
Acusó a Menem de evaporarse de la segunda vuelta, para “mostrar débil y frágil al gobierno que se inicia” y prometió que no será “presa de las corporaciones”.
Final a puro corazón, a través de la reivindicación de la militancia setentista: “Pertenezco a una generación que no se dobló ante la desaparición de amigos y amigas, ante el mayor sistema represivo que le haya tocado vivir a nuestro país, y no voy a dejar esas convicciones por pragmatismo en la puerta de entrada de la Casa Rosada», contestó Néstor a través de un duro mensaje escrito por Cristina. Escribano desde La Nación, señaló que Néstor había dado un paso en falso y sugirió despedir al redactor.
Las últimas palabras del mítico discurso de asunción, también fue escrito por su compañera: “Vengo a proponerles un sueño: reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación; vengo a proponerles un sueño que es la construcción de la verdad y la Justicia; vengo a proponerles un sueño que es volver a tener una Argentina con todos y para todos. Estoy convencido de que en esta simbiosis histórica vamos a encontrar el país que nos merecemos los argentinos”.

El 25 de mayo de 2012 desde Bariloche, Cristina recordó los 202 años de la patria y los 9 que nos separaban de la asunción de Néstor. La Presidenta contó que ella y el secretario Legal y Técnico, Carlos Zanini, habían elaborado un discurso para hablarle Asamblea Legislativa, que Néstor se los “tiró por la cabeza. Cuando lo leyó dijo ‘esto es una porquería, no lo leo, no dicen nada. Le pregunté qué querés que diga y nos ametralló con diez o doce ideas que fueron escritas en ese papel que leyó al otro día”.
Al final del texto apareció aquello de “no voy a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno” y el mensaje entró en la historia.

El hombre más importante de la redacción del matutino que ya era gobernado por los Saguier, se vio obligado a reforzar el “pliego de condiciones” a través de una nota. Néstor era presidente electo. Escribano comenzó lamentándose: “Han sido treinta y seis horas lastimosas, pero no hay que dar por el pito más de lo que el pito vale. Lo decían nuestros padres. Lo podemos decir nosotros. El pito del justicialismo vale bien poco en relación con el interés del país, que debe seguir adelante merced al trabajo silencioso y esperanzado de sus gentes.
Han sido treinta y seis horas de un carnaval decadente, que entristeció, y hasta enfureció, a muchos argentinos, tal vez porque creyeron que el haberlos privado del ballottage comprometía la gobernabilidad. Grave error: la gobernabilidad está comprometida desde antes de ahora, como se verá más adelante. Otro asunto, aunque de menor cuantía, ha sido el agravio acusado por los ciudadanos cuando percibieron que alguien les tomaba el pelo.
Debemos bajar el énfasis indiscriminado en cuanto a la importancia de los hechos que producen los políticos argentinos. Y examinarlos de acuerdo con su real importancia. Más significativo que la toalla arrojada sobre el ring por un menemismo devastado por la catástrofe inminente e inevitable del domingo es el pésimo discurso pronunciado por el ahora presidente electo.
Menem se ha ido de la peor de las maneras; Kirchner, llega. La primera medida de gobierno del doctor Kirchner deberá ser la cesantía de quien ha escrito ese discurso, y, si fue él mismo quien acometió su redacción, convendrá que ya mismo derive en otro la delicada tarea de escribir si es que aspira a ser un verdadero jefe de Estado”.

El verdugo de las privatizaciones, leyó un mensaje. Dijo que el culpable era Duhalde, por dejar al país ante una falsa opción y con un inminente peligro de ingobernabilidad. 
La respuesta del santacruceño, fue inmediata: “No he llegado hasta aquí para pactar con el pasado. Pertenezco a una generación que no se dobló ante la persecución, ante la desaparición de amigos y amigas y ante el mayor sistema represivo que le haya tocado vivir a nuestro país”. Ninguno de los presidentes de los primeros veinte años de la nueva democracia (Alfonsín, Menem, De la Rúa y Duhalde), mostró su cercanía y su solidaridad, con el drama de los desaparecidos. Kirchner pasó a ostentar ese raro privilegio.
Tampoco ninguno de ellos se atrincheró frente a las corporaciones y esa parte del discurso, desafinaba demasiado para el veterano baqueano de la redacción de la calle Bouchard 557. En los últimos 20 años, nadie había desenvainado para denunciar a los sectores del poder económico “que se beneficiaron con privilegios inadmisibles durante la década pasada, al amparo de un modelo de especulación financiera y subordinación política. A esos mismos intereses que cooptaron el Estado y compraron la política, a esos mismos intereses que corrompieron a los dirigentes y arruinaron la vida de los ciudadanos, tributa esta huida”.

Una semana antes de las elecciones, Jorge Lanata lo invitó a “Día D”. Primero Néstor contestó las preguntas del conductor y después vino el interrogatorio de la tribuna: “No acepté ser jefe de Gabinete del Dr. Duhalde, porque considero que el presidente debe ser elegido por la gente y en segundo lugar, porque no estuve de acuerdo con la salida traumática que significó la pesificación asimétrica”.
Kirchner señaló que el gobierno de Duhalde era de “supervivencia nacional” y que a partir de la llegada de Lavagna, se puso un dique de contención al crecimiento del dólar (“más o menos estable sin convertibilidad”) y a la posibilidad de un nuevo espiral inflacionario (“pronosticado por distintos sectores”). Habló del resultado del incipiente proceso de sustitución de importaciones. Balance positivo, “con sus luces y sus sombras y con asignaturas pendientes”, del interinato.
Luego se definió como un futuro presidente, que no será “empleado de los sectores financieros”. Cuando lo consultaron por Menem, sentenció: “Robó a la Argentina. Generó un proceso de exclusión social, sin precedentes en nuestra historia. Llevó la deuda a 180 mil millones de dólares. Generó la quiebra de los industriales, vendió el patrimonio nacional y lideró un proceso de corrupción estructural muy fuerte”.
Brindó data dura de Santa Cruz, estableciendo diferencias notables con el resto del país: 3% desocupación, la menor diferencia entre ricos y pobres 1 a 11 (en algunas regiones era del 1 a 40), “los mejores sueldos de jubilados y docentes” y “la mayor inversión per cápita de obra pública”.
Interrogado sobre el futuro del Banco Nación, en función de la presión del FMI: “Hay que transformar el sentido de la banca pública, no puede seguir teniendo una cartera de clientes privilegiados como la curtiembre de Yoma y tantos otros, que concentran todo el crédito”. No dejó dudas sobre los fines del Nación, cuando apuntó que debe llegar al interior de la Argentina, al país profundo: “Queremos una banca pública que promueva la producción federal. Cristalino, que no trabaje para el grupo de los quebrados o los vivos de siempre”.

Escribano apretó el acelerador. Primero deslizó que estaba a punto de asumir la conducción del país, un presidente casi virtual; un hombre que a la hora de las decisiones, siempre esperaba las instrucciones de su esposa. En segundo término, creía que Lavagna era capaz de subordinar los deseos de la política, a los caprichos de la economía y ser funcional al capital: “Se sabe que Kirchner está hablando con muy poca gente, encerrado en un círculo íntimo difícil de caracterizar, pero en el que es obvio que gravita su mujer, Cristina, senadora nacional. Faltan apenas diez días para la asunción del mando y, salvo la noticia en general alentadora, de que el doctor Roberto Lavagna continuará en la cartera de Economía, es un misterio cómo se configurará el nuevo gabinete nacional.
Perdió el presidente electo una oportunidad de excelencia para ponerse por encima de las rencillas asombrosas del Partido Justicialista, tanto que terminaron por involucrar al país todo. Gracias doctor Menem, al fin y al cabo, por haber liberado a quienes jamás han votado por candidatos del PJ, pero tampoco lo han hecho nunca con el signo negativo del voto en blanco o anulado, de la encrucijada morbosa que acechaba en el cuarto oscuro del domingo próximo.
Ante una sociedad ansiosa por su destino, Kirchner cayó en la trampa tendida por el rival: ahondó los odios y las diferencias con Menem y hasta se permitió la temeridad de sembrar dudas sobre cuál será el tono de su relación con el empresariado y con las Fuerzas Armadas. Se olvidó de que la razón de que hablara ayer por la tarde era, justamente, que en ese momento dejaba de ser el candidato que había competido por largos meses por la Presidencia de la Nación y se convertía en el presidente electo de la Argentina”.
Escribano avizoraba o añoraba, pronosticaba o deseaba, una implosión política ante la ausencia de liderazgos populares: “El temor colectivo que se percibe como saldo principal de la fuga de Menem es que éste haya herido la gobernabilidad del país. Para ser justos, habría que preguntarse, también, en cuánto ha contribuido a esa desazón el inoportuno discurso de Kirchner.
Convendrá decir, ante todo, que el problema de la gobernabilidad es preexistente al de la decisión de Menem, un político, además, que se encuentra al final de una larga carrera, no en el apogeo.
Es más: ninguno de los candidatos que se presentaron en la primera vuelta -ni siquiera quién se creía fue su principal revelación, reafirmada con las palabras que eligió ayer, López Murphy- era por sí mismo garantía de estabilidad institucional en el período por abrirse en días más.
La política argentina se encuentra gravemente fragmentada. El Congreso, en ambas cámaras, es un reflejo de esa crisis. El Poder Judicial se arroga facultades propias de la administración como no ocurre en ningún país serio, desde las finanzas a la determinación de cuáles deben ser las tarifas de los servicios públicos, y se abstiene de actuar, por añadidura, precisamente donde debería hacerlo. Los sindicatos y las entidades representativas de las empresas no cumplen un papel más lúcido que aquellos otros de los que reclaman un mejor ejemplo. Ese es el país con el que los argentinos se han abierto al siglo XXI.
El hecho de que Kirchner se instale en la Casa Rosada con sólo el 22 por ciento de los sufragios acentúa, en principio, el problema de la gobernabilidad, pero está lejos de crearlo. Kirchner llega precedido, y no lo ignora, por una cuestión institucional que se manifestaba con claridad en los días en que Menem proclamaba que vencería con sólo una vuelta electoral”.
El autor avisa cumpliendo con el mandado, que Estados Unidos sigue de cerca la partida que se juega en Buenos Aires: “El Consejo para las Américas estaba reunido en Washington cuando el lunes 28 se hacían los últimos cómputos provisionales de las elecciones. Es un cuerpo que congrega a cuantos tienen en los Estados Unidos una opinión de peso que elaborar, tanto en el campo político como empresarial, sobre los temas continentales. Desde Colin Powell a David Rockefeller.
¿Qué pudieron esos hombres haberse dicho sobre la Argentina, después de conocer los resultados del escrutinio y, sobre todo, los ecos de la infortunada noche de Menem en el hotel Presidente? Primero, se dijeron que Kirchner sería el próximo presidente. Segundo, que los argentinos habían resuelto darse un gobierno débil.
Podríamos pasar por alto una tercera conclusión, porque las fuentes consultadas en los Estados Unidos por quien esto escribe difieren de si se trata de la opinión personal de uno de los asistentes o de un juicio suficientemente compartido por el resto. Sin embargo, la situación es tal que vale la pena registrarla: la Argentina ha resuelto darse gobierno por un año”.
Menciona que Néstor fue avisado del problema en el que se mete, si no está dispuesto a traicionar y a traicionarse: “Ninguna de las conclusiones que dejamos expuestas, merece otro valor que el de un balance informal, casi académico, entre personalidades con la responsabilidad de prefigurarse el horizonte que el mundo tendrá ante sí. Pero interesa conocerlas por exponer la gravedad de las reflexiones en Washington sobre el futuro posible de la Argentina.
Kirchner conoce esa información desde el lunes 5. Y su respuesta fue que él está de acuerdo en que el principal asunto por resolver en el país es el de su gobernabilidad.
No debería, por lo tanto, el presidente electo desaprovechar lo mejor del discurso de Menem al abandonar la lucha sin que hubiera una sola denuncia judicial de fraude electoral o una sola mesa de votación impugnada en el país. Fue cuando Menem predicó sobre la necesidad de construir consensos y anunció que se contaría con su contribución a la gobernabilidad. La gravedad del tema hace deseable que esa contribución sea una realidad, al menos, a partir de hoy”.
El final es un misil a la línea de flotación del enemigo: “Ha caído, al fin, el telón sobre una decepcionante obra de treinta y seis horas. No demos por el pito más de lo que el pito vale, como decían nuestros padres. Dejemos atrás este nuevo papelón de la política argentina.
Pensemos entre todos cómo remontar con el trabajo y el estudio una crisis extenuante, de no menos de cinco años seguidos a estas alturas, y estimulemos al nuevo presidente a que traduzca en los hechos lo que promete con entusiasmo en la conversación privada: Hay que mejorar la calidad de las instituciones, hay que gerenciar la administración del país».

24 de enero de 2010. Las operaciones mediáticas de alto vuelo, fueron una constante en la era Kirchner. «Cobos y Clarín quieren derrocar al Gobierno antes de fin de año», dijo Néstor en su único paso por «6,7,8».
Kirchner denunció que Héctor Magnetto, “es uno de los cerebros claros de este proceso de desestabilización” del Gobierno de Cristina y relató algunos de los encuentros que mantuvo con él. “En 2007 vino a verme y me dijo que Cristina no podía ser presidenta porque era una mujer. Yo le expliqué que ésa era una decisión que iba a tomar el gobierno autónomamente”. El 1 de julio de 2007, el kirchnerismo anunció que la primera ciudadana, será la candidata presidencial del gobiernista Frente para la Victoria en los comicios del 28 de octubre.
La última vez que se reunieron Kirchner-Magnetto, el titular del grupo Clarín le dijo “casi imperativamente”, que el Gobierno debía facilitar el ingreso del holding a Telecom. En esa oportunidad y con relación a sus editorialistas, el CEO sentenció: “En mi empresa mando yo y se escribe lo que quiero yo”.
Sesión en Diputados, 22 de noviembre de 2017. “Si tuvo un gran error Néstor Kirchner fue la fusión de Multicanal con Cablevisión”, firmado Máximo Kirchner. El debate parlamentario sobre la nueva ley de Defensa de la Competencia, alcanzaba un recuerdo pesado para el kirchnerismo.
Prehistoria del conflicto. El objetivo fue buscar una posición más amigable con un grupo que no tiene amigos desde hace varias décadas. Se trató de una lectura del futuro, con sobreprecio de optimismo.
En diciembre de 2007, el Gobierno de Néstor aprobó, con la firma del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, la adquisición de Multicanal por parte de Cablevisión. El mayor operador de cable de la Argentina y a uno de los principales de la región, se quedaba con el 47% del mercado: casi 3 millones de abonados.
Cuando Héctor Magnetto le sacó la joya más soñada, Néstor quedó debilitado.
Dos años antes, Néstor Kirchner renovó las licencias de los principales medios de radiodifusión, con el objetivo de «darles previsibilidad, seriedad y tranquilidad».
El Presidente padeció el mismo trato de todos los que alguna vez negociaron con Clarín, hasta quedarse con los bolsillos pelados.
El Gobierno ya no tenía moneda de cambio ante diálogos futuros y el Grupo a partir de ese momento, se animó a todo para derrotarlo. Concretada la fusión, festejaron aumentando el precio del abono de las dos señales.
El choque con José Sbatella, opositor desde adentro a la creación del monopolio, terminó con el titular de la Comisión de Defensa de la Competencia. La presentación original de Clarín, hablaba de la compra del 20% de Cablevisión, porcentaje que utilizaron para esconder la maniobra que les otorgaba posición dominante en el mercado.
La fiscal Alejandra Gils Carbó, opositora desde afuera, denunció en 2007 un fraude millonario en el Acuerdo Preventivo Extrajudicial de Cablevisión con sus acreedores y demostró que un fondo accionista del Grupo Clarín había formado parte del saneamiento de la deuda de Cablevisión, requisito ineludible para que se aceptara su fusión con Multicanal. El proceso violaba la Ley de Bienes Culturales y no había sido informado a la Comisión Nacional de Valores debidamente.
No obstante y como un signo vital del kirchnerismo, el 29 de agosto de 2012 la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, le tomó juramento a la nueva procuradora general, Alejandra Gils Carbó, en un acto casi relámpago en el Salón de las Mujeres Argentinas del Bicentenario.

La relación kircherismo-Clarín, comenzó a cambiar para siempre cuando la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti informó en marzo 2007 que la planta de Papel Prensa en San Pedro, contaminaba el ambiente y fundamentalmente al río Baradero. La representación del Estado en el directorio de la empresa, marcó la necesidad de obras por 10 millones de dólares para terminar con el problema y el Gobierno fijó un plazo de 180 días para cesar el derrame de efluentes. Tres pericias le daban la razón a la funcionaria: Instituto Nacional del Agua, Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires e Instituto Nacional de Tecnología Industrial.
Después de las intimaciones del Estado, Clarín judicializó el tema y congeló la acción del Estado en un tribunal. Paralelamente, comenzó la campaña de demonización mediática de Picolotti. En julio publicó una investigación con gastos desmedidos de la funcionaria y contrataciones injustificadas de parientes. A partir de ese momento, nada sería igual.
9 de marzo de 2009. La mañana de aquel lunes, arrancó con una tapa de Clarín en pie de guerra. El título central consignó el resultado del “primer test electoral del año”, pero en tono desafiante: “Catamarca: fuerte derrota kirchnerista”. La redacción de Magnetto completó la presentación de la noticia, señalando que “El Frente Cívico que apoya a Julio Cobos, venció por casi 10 puntos a una alianza de Kirchner con Barrionuevo o Saadi. Y que se fracturó antes de terminar el comicio. El gobierno intentó minimizar la caída”.
El matutino había asegurado que el ex presidente, no tendría que haber participado de la campaña en Catamarca, porque la derrota posterior le generaba un costo político muy alto.
Acto del oficialismo en Caseros, partido de Tres de Febrero. La respuesta de Néstor fue dura. Sabía que seguramente su palabra iba a abrir las puertas de una pelea compleja, frente a un enemigo singular. Que especuladores de adentro y enemigos de enfrente, lo iban a calificar de “políticamente incorrecto”. Antes de la frase histórica, ensayó un prólogo para intentar sin suerte suavizar el desembarco. Amparó la dureza del mensaje que estaba a punto de soltar, en que no pertenecía a la burocracia política, ni le gustaba ser hipócrita: “Ustedes saben cómo soy. Con mis aciertos y mis errores. Siempre hablo con absoluta sinceridad”. Y prometió hablar con verdad y la lealtad. «Escuchando a un medio de difusión, el gran diario argentino como dicen ellos, Clarín, me enteré que habíamos sufrido una fuerte derrota en Catamarca y que no debía haber ido. Como titular del PJ, voy a ir hasta el último pueblito para apoyar a este movimiento transformador, porque nosotros no lucramos Clarín, tenemos convicciones. No estamos en el negocio de la política, estamos en la transformación de la patria», sentenció Kirchner.
Afirmó que «el peronismo en Catamarca logró mantener su porcentaje histórico» y Clarín «no lo dice, no habla con la verdad”. Acto seguido, seis palabras que quedaron en la historia “¿Qué te pasa Clarín?», preguntó.
“En Todo Noticias o como le dicen algunos amigos Todo Negativo, también del Grupo Clarín decían que la compañera Cristina no debía ir a Mendoza, al acto popular y al acto con los empresarios. Clarín ¿por qué estás tan nervioso? Hacé democracia, utilizá los medios para informar y no para desinformar a la gente, que ya se da cuenta de cómo son las circunstancias. Para ese diario sólo el peronismo no debe seguir en el gobierno. No dice que el gobierno de Catamarca hace 17 años que está en el poder», dijo Kirchner.
Remató subrayando que cuando el peronismo pierde en una provincia, el diario celebra la alternancia, pero que olvida este supuesto valor democrático como cuando en Catamarca gobierna desde hace 17 años, la misma fuerza política: “Los que no tienen que estar en el gobierno son los peronistas. ¿Qué te pasa Clarín? Tranquilizate”.
La respuesta corporativa de los empresarios periodísticos reunidos en la Sociedad Interamericana de Prensa, denunciaba que la democracia kirchnerista, era de baja intensidad. “La libertad de prensa en Argentina transita un sendero sinuoso, signado por agravios y descalificaciones que dificultan el ejercicio profesional”. En otro comunicado, sostuvo la SIP que “los ataques alimentados o tolerados por las autoridades y exhorta al Gobierno y al partido oficialista a cesar la escalada de hostigamiento”.
4 de septiembre de 2009. Un cronista del Grupo Clarín llegó a una conferencia de prensa, con una misión. Una pregunta que no respondía a la agenda del día, sintetizaba la necesidad de Magnetto de enviarle un mensaje mafioso a Néstor, a través de un envase periodístico.
Le preguntaron a Néstor por el incremento de su patrimonio. Respuesta clara, sin metáforas: “Como cualquier ciudadano, me someto a la investigación de la Justicia No me someto al poder monopólico de Clarín”.
El inquisidor fue por la revancha y consultó si estaba el presidente estaba dispuesto a donar su pensión. “El monopolio acostumbrado a extorsionar, acostumbrado a ensuciar, acostumbrado a manchar a la gente, recurre a este tipo de cosas en la desesperación por defender intereses que no le corresponden. Así como supieron abrazarse con la dictadura en su momento, tratan de contaminar a la democracia, tratan de desgastar y atemorizar a aquellos que decididamente jugamos a la profundización democrática y cree que vamos a retroceder porque nos agravian o nos insulten.
Yo soy un hombre de la democracia, soy institucionalista, soy defensor de la constitución a fondo y me someto a la Justicia como cualquier argentino, sin ningún tipo de privilegio, ni de prebendas, ni nada por el estilo”.

Remató Néstor, con una especialidad de la casa: “Yo no le tengo miedo a nadie. Voy a apoyar la transformación democrática de este país. Si me quieren agredir, que me agredan. Lo hacen para mantener una posición monopólica, para  seguir manejando la información y porque quieren seguir manteniendo los privilegios que tienen”.

EL ZURDAJE: Jueves 15 de mayo de 2003. La agenda armada por el diablo para los Kirchner, primero les pasó La Nación por debajo de la puerta y al mediodía los llevó a América para almorzar con Mirtha Legrand.
“¿Con usted se viene el zurdaje?”, preguntó la conductora escudándose como de costumbre, en los interrogantes de “la gente”.
“Eso no lo dice la gente. No escucho eso desde los años ‘70”, respondió rápido Cristina.
“Hablar en esos términos le costó treinta mil desaparecidos al país. Se viene más democracia”, completó Néstor Kirchner.
La señora de la tele, que siete años después con un inexplicable margen de impunidad, se volvió a amparar en la supuesta palabra de miles de anónimos, para decir que “no estaba en el cajón”; le preguntó a la pareja por la nota de Escribano. El futuro titular del Ejecutivo respondió: “El estuvo de acuerdo con el Proceso y yo no. Yo repudio la represión y las desapariciones”.
Poco después de la muerte del ex presidente, la conductora profundizó la demonización del kirchnerismo, utilizando una de las armas más crueles de su arsenal y en el rol de intérprete de una sociedad con la que no tiene contacto hace décadas, deslizó: «Es feo lo que voy a decir. Lo que dice la gente, la calle, es que el cadáver no estaba en el cajón. Y otra cosa, que el cajón no era lo suficientemente largo, extenso, como para que cubrir el cuerpo del presidente. Es verdad».

Después de un silencio de casi cinco meses, Menem reapareció públicamente el 17 de octubre de 2003. Homenajeado por el justicialismo riojano, en el marco de un día incómodo para un cultor del liberalismo desde la presidencia de la Nación. El festejó de la lealtad, fue utilizado para demonizar al kirchnerismo con alta dosis de macartismo: “Están destruyendo el país. Aquí no queremos ni comunismo, ni marxismo. El justicialismo jamás combatió el capital; al revés, procuró que el capital llegue para hacer crecer la República. Y eso fue lo que hicimos nosotros a partir de 1989. Les pido a todos que empecemos a trabajar para recomponer nuestra causa y nuestro movimiento. Debemos ser más leales que nunca con nuestros principios”.
29 de noviembre de 2005. Juramento de Menem como senador nacional. Néstor a un par de metros del ex presidente, tocó madera. Con sonrisa pícara, buscando una mirada cómplice entre las bancas, posaba su mano izquierda sobre el estrado que ocupaba Daniel Scioli, presidiendo la sesión.