Magdalena Ruiz Guiñazú escribió para el diario “La Nación” el 29 de octubre de 2012, un artículo titulado «Robar a los muertos». En esa nota aseguró que en la última edición del «Nunca más», realizada por EUDEBA, el gobierno de Cristina había ordenado quitar del prólogo la firma del titular de la Conadep: “Suprimir de este proceso el nombre de Ernesto Sábato es simplemente robarle (a quien no puede replicar) una tarea asumida con enorme responsabilidad en años en los que las Fuerzas Armadas tenían aún un gran poder”.
Pero en realidad, el prólogo nunca tuvo firma. Ni la primera publicación del libro en 1984, llevó la rúbrica del autor. No obstante, algunos protagonistas de aquella historia, como Graciela Fernández Meijide, salieron a defender a Sábato de un ataque que nunca sufrió. Tanto a la periodista, como a la ex ministra de la Alianza, se les olvidó decir que el único que violentó el mensaje del escritor, fue Antonio Tróccoli. Operando de la misma forma que lo hizo cuando grabó la apertura televisiva de la edición del «Nunca más», el ministro del Interior antecedió a las palabras del escritor, con la teoría de los dos demonios.
«Funes, el memorioso» (2014), fragmento de «CONADEP: La primera batalla ganada por la democracia». La entrega del informe a Alfonsín, el 20 de septiembre de 1984.
Sábato repitió en las primeras páginas de libro, el texto con el que presentó el informe en Casa de Gobierno por cadena nacional. La primera mitad del prólogo no registra ni su pensamiento, ni el estilo de su prosa. Por supuesto, tanto en el primer prólogo como en el último, tampoco está la firma de Tróccoli, que fue el autor intelectual de la primera parte, la que acusa a las víctimas.
El programa especial se grabó en Canal 13 y para la dirección de cámaras se convocó a Diana Alvarez. Cuando todas las víctimas del terrorismo de Estado y familiares de los desaparecidos, dieron su testimonio, el ministro del Interior llegó al estudio para realizar la apertura. En la edición, Tróccoli habla de la “teoría de los dos demonios” y luego nadie tiene la posibilidad de enfrentarlo.
“Pero esto que ustedes van a ver, es solo un aspecto del drama de la violencia en la Argentina. La otra cara, el otro aspecto se inició cuando recaló en las playas argentinas la irrupción de la subversión y del terrorismo. Alimentado desde lejanas fronteras, desde remotas geografías con un puñado de hombres que manejando un proyecto político apoyado en el terror, con una profunda vocación mesiánica, querían ocupar el poder sobre la base de la fuerza y de la violencia y terminaron desatando una orgía de sangre y de muerte a personas e instituciones” (Antonio Tróccoli, “Nunca más” por Canal 13).
En la edición 2006 del libro y coincidente con el trigésimo aniversario del golpe del 24 de marzo, el Gobierno fijó su posición sobre la teoría de los dos demonios: “Es preciso dejar claramente establecido -porque lo requiere la construcción del futuro sobre bases firmes-, que es inaceptable pretender justificar el terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas, como si fuera posible buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado que son irrenunciables.
Por otra parte, el terrorismo de Estado fue desencadenado de manera masiva y sistemática por la Junta Militar a partir del 24 de marzo de 1976, cuando no existían desafíos estratégicos de seguridad para el status quo, porque la guerrilla ya había sido derrotada militarmente. La dictadura se propuso imponer un sistema económico de tipo neoliberal y arrasar con las conquistas sociales de muchas décadas, que la resistencia popular impedía que fueran conculcadas. La pedagogía del terror convirtió a los militares golpistas en señores de la vida y la muerte de todos los habitantes del país. En la aplicación de estas políticas, con la finalidad de evitar el resurgimiento de los movimientos políticos y sociales, la dictadura hizo desaparecer a 30.000 personas, conforme a la doctrina de la seguridad nacional, al servicio del privilegio y de intereses extranacionales”.
Alicia Pierini, que estuvo al frente de la subsecretaria de Derechos Humanos, encontró todos los legajos de la Conadep arrumbados en una habitación y los rescató de una nueva desaparición.
Con la derogación de las leyes de impunidad y la creación del Archivo Nacional de la Memoria, se incorporaron los documentos del «Fondo Documental Conadep-Secretaría de Derechos Humanos».
La política de derechos humanos que inició el gobierno de Néstor Kirchner, motivó testimonios inéditos que hasta ese momento no habían tenido confianza en el Estado para hacerlo. Estas declaraciones ayudaron a reconocer a víctimas de los centros clandestinos que no estaban identificadas e identificar represores aún no denunciados. Todo ese material, fue incluido en más de 400 juicios por delitos de lesa humanidad.

