EL DIA QUE MASSERA SE QUEDO CON EL MUNDIAL: Es una de las muchísimas historias que conformaron la guerra interfuerzas, que tuvo como protagonistas centrales durante la última dictadura, al Ejército y la Armada. El asesinato de Actis significó el cambio de dueño del Mundial ’78. La soñada operación para frenar las consecuencias políticas y económicas de la “campaña antiargentina”, ahora también sería utilizada por el almirante Emilio Massera, como plataforma de lanzamiento de su sueño presidencial.
Capítulo 1 de “Tribunas, sin pueblo”, “Videla vs. Massera: Apuntes sobre la pelea de fondo”.
Fueron los grandes enemigos íntimos, de la última dictadura. La pulcritud ficticia de la Junta Militar a la hora de mostrarse en público, era una pose que distaba muchísimo de la crueldad extrema con la que se trataban en privado. La magnitud de la guerra desatada entre las dos Fuerzas con sueños reales de poder, no llegaba al hombre común.
El paraguas protector bajo el que actuaban Ejército y Marina, fue bautizado Proceso de “Reorganización Nacional”. Sin dudas el título nobiliario más pomposo, de las tres etapas dictatoriales que marcaron a fuego a la Argentina de la segunda mitad del siglo XX. Primero “Revolución Libertadora” y luego “Revolución argentina”. Dos rótulos que malversaron el significado del verdadero estado de cambio estructural y que realidad, vistieron de seda a terribles tiempos involutivos; que incluyeron bombardeo de la Plaza de Mayo, fusilamientos (1956 y 1972), presos políticos y “Noche de los bastones largos”.
Desde el 24 de marzo de 1976 y hasta el 10 de diciembre de 1983, “Reorganización Nacional” tuvo la pretensión de convertir a los genocidas en una mezcla de constituyentes del 1853 y liberales de la generación del ’80; que se encargaron correlativamente según la historia mitrista, de la “Organización nacional”.
Cadáveres en la puerta del cuartel: La dictadura tomó la herencia de lo proyectado por el Ministerio de Bienestar Social de José López Rega y creó el Ente Autárquico Mundial ’78. Autonomía para organizar la copa, a imagen y semejanza del proyecto cívico-militar. Designó como presidente al general Omar Actis, un viejo amigo de Videla, catalogado en el Ejército como eficiente, austero y sin aspiraciones políticas.
El general Actis había jugado en la tercera de River, en la década del ’40. Por lo tanto tenía a favor, dos datos nada frecuentes en la vida militar. Además de algunas historias basadas en su honradez, también era portador en primera persona, de pasado futbolístico. Mediáticamente poco se sabía del general.
El proyecto del militar, no incluía la construcción de nuevos estadios, sino la remodelación de lo mejor de la infraestructura existente, a un costo de 100 millones de dólares aproximadamente.
El balance final del EAM declaró gastos por 521.494.931 millones de dólares y 9.642.360 de ingresos. El ejercicio mostró una pérdida de 511.852.571. Pero Juan Aleman (secretario de Hacienda en 1978), marcó que el costo real del Mundial fueron 700 millones.
La diferencia de casi 200 millones, la escondió el equipo del General Merlo, al no contabilizar como gastos originados por la competencia, gran parte de las obras de infraestructura (caminos, hoteles, aeropuertos, televisoras, etc.). Solamente Argentina Televisora Color, costó 70 millones de dólares… Cuatro años después, España ’82 se realizó 150 millones de dólares.
Como siempre, en 1978 la ganadora fue la FIFA. Según sus números, se vendieron el 82% de las localidades disponibles (en un negocio donde todavía eran más importantes las entradas que los derechos televisivos) y eso representó una recaudación de 35 millones de dólares; 50% más que en Alemania 1974.
El 19 de agosto de 1976, cuando salía de su casa de Wilde para anunciar su proyecto a los medios internacionales en conferencia de prensa, el general fue asesinado.
La versión oficial, rápidamente sentenció que se trató de una acción de Montoneros. Los asesinos plantaron panfletos después de las balas, huyeron y los medios repitieron la gacetilla de la dictadura.
Paralelamente, la crónica no autorizada tomó registro de la posible primera víctima de la guerra interfuerzas por el control del Mundial. Un comando de la Armada, le habría quitado la vida a Actis y además, la organización de la Copa, a Videla.
La dictadura acusó a la guerrilla peronista, que a través del tiempo tuvo dos respuestas, una personal y otra orgánica. En “La vergüenza de todos” (Pablo Llonto 2005), Roberto Perdía asumió la responsabilidad de Montoneros en el asesinato de Actis; pero en 1976, la organización respondió a los militares con un documento, señalando que no tuvo absolutamente nada que ver con el hecho.
Pero por encima de aquella pregunta sin respuesta que se tragó la historia y del fuego cruzado de acusaciones entre la Armada y el grupo revolucionario, el único beneficiado con esta muerte fue Massera. El asesinato de Actis, solo fue funcional al sueño del titular de la Armada y sorpresivamente, el único integrante de la Junta que despidió los restos del general, fue Videla.
A partir de ese momento, el torneo quedó en manos del Almirante.

