Sin inversión extrajera, Argentina rematará recursos naturales y tierras

La mejor síntesis de este capítulo de la Argentina neoliberal, salió de la insensibilidad apátrida de Adelmo Gabbi, el presidente de la Bolsa de Comercio en el último cuarto de siglo. Afirmó que «el mejor plan económico, es aquel que le haga ganar a Milei, las elecciones del año próximo». Agregó que este es un «gran momento para invertir en acciones, porque hay empresas con muy buenos balances» y que es posible que se cumpla lo que dijo el presidente Milei respecto a «que nos iban a salir los dólares por las orejas».
La gran irresponsabilidad social de analizar el resultado de la economía, solo por lo que sucede en mi metro cuadrado, condena al 80% de la población a la miseria, para que el 20% restante viva en la abundancia. Si esa violación de los derechos humanos se prolonga en el tiempo, sucederán dos cosas: la muerte de los seres humanos que no se adapten a la ley de la selva y la desaparición de la Nación, tal como fue soñada.


Por encima del optimismo de Adelmo Gabbi, los datos 2025 dicen que Argentina quedó último en América latina, en materia de inversión extranjera directa. El país que Milei puso en vidriera (sin industria nacional, ni mercado interno y con una brutal recesión interminable), solo captó 3.100 millones de dólares. El año pasado, los que apostaron al desarrollo de su línea de producción, fueron el gran objetivo de las multinacionales: Brasil recibió alrededor de 77.000 millones de dólares y México más de 40.000 millones.
Los libertarios siempre «deshistoriados», creyeron que desregulando todo por cuarta vez en medio siglo y multiplicando los beneficios tributarios, se desataría la tan esperada lluvia de inversiones que jamás experimentaron sus antecesores. Sin embargo, como les sucedió a Martínez de Hoz, a Cavallo con Menem y a Mauricio Macri, el libertario experimentó que la caída de la inversión extranjera siempre es directamente proporcional a la muerte de la economía real local.

Como no existen las casualidades y todo responde a un encadenamiento perfecto de causalidades, dos proyectos libertarios que no se reconocen como familia, pero que son hermanos de sangre, están en discusión parlamentaria para profundizar la entrega. En primer lugar, la reforma al régimen de tierras rurales del oficialismo que ya discute el Senado, se abre de par en par a que capitales extranjeros compren hasta el último metro cuadrado celeste y blanco; pero impide que otros Estados adquieran territorio nacional. Sin embargo, existe en el proyecto libertario una cláusula de escape, que dice que la restricción podrá levantarse, si la provincia donde se ubican las hectáreas deseadas por otra bandera, solicita autorización al Poder Ejecutivo Nacional. De esta manera, podría hacerse el remate de país a país, con Milei en la Casa Rosada.

El segundo proyecto fue enviado ayer al Parlamento, porque el primer RIGI solo atrajo moneditas que apenas sumaron 700 millones de dólares. Ahora, este gobierno que sabe «cómo generar subdesarrollo y pobreza con o sin dinero», intenta la revancha apretado por la necesidad de hacer caja lo antes posible. Ofrece todo lo que no le pertenece, fundamentalmente geografía y futuro, a cambio de un golpe de efecto que sostenga lo que queda del relato, pensando en las elecciones del año que viene. Está dispuesto a firmar una hipoteca por 30 años, con los que vengan a llevarse lo poco que queda, a través del manual de estilo de los 90; porque el «Súper RIGI» colonial, vuelve a posibilitar el acceso al arbitraje internacional y juicios en el exterior, incluyendo cláusulas de protección contra actos expropiatorios o confiscatorios.

Entre los beneficios que ofrece el RIGI II, mientras las pymes y la industria nacional desaparecen, se destacan reducciones impositivas, flexibilización aduanera, desregulación cambiaria, ingreso sin restricciones de la totalidad de la ingeniería necesaria desde sus terminales de origen y el compromiso del Estado a garantizar durante tres décadas la estabilidad de lo acordado.
El RIGI original exigía un piso del 20% de contratación de proveedores locales, pero el nuevo elimina por completo esta obligación.
Los tanques de la economía planetaria, terminarán aportando proporcionalmente, mucho menos impuestos que las pequeñas y medianas empresas argentinas.

Entregar tierras, recursos naturales y la vida del 80% de los argentinos, es un proyecto que cínicamente empieza prometiendo bienestar y termina por necesidad, vendiendo las ruinas del país en un «Todo por dos pesos». Y como dijo el presidente vitalicio de la Bolsa de Comercio, «el mejor plan económico, es aquel que le haga ganar a Milei, las elecciones del año próximo»; así regresa la Argentina para pocos que soñaron las minorías, se dejan de joder con la democracia y entierran para siempre a la justicia social.